jueves 2/12/21

Jacinto Miguel, 100 años y 7 de meses: "Cuando acababa la escuela me tocaba recoger las boñigas de burro para venderlas como abono"

El único centenario de Almaraz de Duero acarrea a sus espaldas una vida dedicada al trabajo como vaquero, barquero, pescador, vendimiador o ayudante de topógrafo en Suiza

Cuenta que su mujer le salvó de morir ahogado en el río mientras pescaba "agarrándome de los pelos"

Sigue jugando al dominó en el bar del pueblo y cuidando de su pequeño huerto

Jacinto Miguel, el día de su cumpleaños
Jacinto Miguel, el día de su cumpleaños

Jacinto Miguel nació por casualidad en Samir de los Caños hace 100 años y 7 meses. Su padre se trasladó al municipio alistano desde Almaraz para trabajar en la mina y allí le parió su madre, aunque bien chiquito regresó al pueblo que linda con el Duero, la localidad que siente suya, en la que juega la partida de dominó en el bar y en la que conserva un pequeño huerto que aún cultiva, aunque lamente que las piernas le flaquean ya.

Cuenta que está vivo gracias a su mujer, que le salvó de morir ahogado en el río, y como hombre de costumbres, habita en la misma casa en la que vivió con sus padres, aunque con todas "las estancias reformadas", se apresura a decir. "Esta cocina en la que estamos hablando era un pajar", asegura.

Desde bien niño sabe lo que es deslomarse y cuenta que cuando acababa la escuela dejaba los deberes a un lado para recoger boñigas de burro y venderlas como abono.

Con 11 años ya andaba con las vacas que habían comprado sus padres, de ahí que la familia sea conocida en Almaraz como los Vaqueros, y con más de un siglo de vida a la espalda arrastra innumerables faenas que le sirvieron, como él mismo dice, para no pasar hambre en una España desangrada por la guerra civil y la miseria que acarreó.

Rememora que anduvo a la vendimia en Moraleja del Vino y que, con apenas 14 años, trabajó de "pinche", (llevaba el agua a los obreros), en las obras de construcción de carreteras. También emigró a Suiza, donde durante 4 años trabajó como ayudante de los topógrafos en el levantamiento de una autopista.

Cuando regresó siguió acumulando oficios. Ejerció de guarda de campo durante 7 años y de barquero para los hombres que trabajaban en las obras de la subestación del Porvenir, conocido como Salto de San Román, pero asegura que él fue ante todo pescador, un empleo que compartía con su mujer, Felicidad, hija de un pescador de Almaraz. Fue ella quien le salvó de morir ahogado en aguas del Duero porque Jacinto Miguel apenas sabía nadar. "Caí de cabeza al río y las redes tiraban de la barca. No me podía subir y ella me agarró del pelo y pude salir", rememora con un cabeza aún lúcida en recuerdos.

Relata que aún conserva el 4 latas rojo que compró con 50 años, edad a la que sacó el carné de conducir, para transportar el pescado y poder venderlo por toda la contorna, tras dejar primero los burros y luego una moto que compró para cargar la mercancía. "100 kilos de pescao vendíamos al día. Llegábamos hasta Bermillo", recuerda, para sacar "unos duros, lo suficiente para no pasar necesidades", remata. 

La caza también puso alguna que otra vez el plato en la mesa en la casa de este vecino de Almaraz de Duero hasta que "colgó" la escopeta con casi 80 años. Y de sus "pateos" por el monte recuerda aún con "resquemor" la única sanción que le ha impuesto la Guardia Civil en su larga vida. "No me tenían que haber multado", recalca, después de contar como disparó al coche de la Benemérita de forma accidental. "Fue un lance de caza", reitera.

Su vida transcurre ahora tranquila entre Zamora y Almaraz de Duero. Cuenta que cuando está en la capital, donde vive con su única hija y su yerno, se dedica a pasear, pero reconoce que le gusta estar más en el pueblo, cuidando de su pequeño huerto y jugando al dominó en el bar. "Aún gano partidas, pero la cabeza ya no está igual", admite. Y con cierta melancolía repite que en Almaraz de Duero "soy es el más viejo de todos".

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