El pasado viernes 23 de enero, en pleno corazón de la zona de los pinchos de Zamora, subió por primera vez la persiana La Maja, la primera tortillería de la ciudad. Detrás del proyecto están Chema Martín Aboyo, ingeniero de edificación, y Álvaro García, graduado en Magisterio en Educación Primaria con mención en Alemán por la Universidad de Salamanca. Dos jóvenes, dos trayectorias profesionales muy distintas y una misma idea: dar valor a lo nuestro y hacerlo desde la cercanía.
El nombre no surgió tras largas reuniones ni estudios de mercado. Todo lo contrario. “Salió en una conversación entre nosotros”, explica Chema. “Las mejores ideas salen sin pensar”, asevera. Maja, una palabra profundamente zamorana, muy de la tierra, terminó convirtiéndose así en la seña de identidad de un local que desde su apertura no ha dejado de recibir clientes.
Aunque ambos son nuevos en el sector hostelero, el proyecto no nace de la nada. Chema Martín es el propietario de la única granja de gallinas en libertad de Villalpando, una explotación avícola de gallinas camperas conocida como Los Huevos de la Abuela, que puso en marcha hace siete años. Su trabajo le ha llevado durante este tiempo a recorrer numerosos establecimientos hosteleros de la provincia, y ahí empezó a tomar forma una idea que llevaba tiempo rondándole la cabeza.
“Siempre fue uno de mis sueños tener un establecimiento de hostelería”, reconoce. Y hacerlo, además, con un objetivo claro: aportar valor añadido a su propio producto, el huevo. La fórmula estaba clara: si el ingrediente principal era excelente, el plato debía estar a la altura. Así nació la idea de una tortillería.
Pero el proyecto era demasiado grande para afrontarlo en solitario. Y ahí apareció Álvaro García, amigo y socio, que siempre tuvo como "pincho favorito la tortilla”. Entre los dos decidieron lanzarse y aprender desde cero. Lo hicieron a su manera: creando un pequeño “laboratorio” culinario con un equipo de seis personas, donde durante semanas ensayaron recetas, tiempos y combinaciones hasta dar con seis especialidades que hoy forman la carta.
Todas comparten una misma filosofía: producto de cercanía y sabor reconocible. Los huevos proceden de la granja de Chema; la patata llega de un pueblo cercano a Zamora; la cebolla, la miel y el resto de ingredientes también son de la tierra. “Queríamos que quien probara una tortilla supiera que está comiendo Zamora”, resumen.
Las seis variedades actuales son:
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La Maja con cebolla
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La Maja Viuda sin cebolla
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Popeye Azul —con espinacas y queso azul—
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La Mexicana
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La Morcillona —con morcilla de IGP de Castilla y León—
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La Ibérica, con sobrasada y queso brie
La idea inicial era ir rotándolas, pero la realidad se impuso desde el primer fin de semana: la aceptación ha sido tan alta que no han tenido tiempo para introducir nuevas especialidades.
En el bar de la calle Alfonso de Castro se repite una escena que ya se ha vuelto habitual. “Los clientes empiezan a mirar la barra y a preguntar: ¿Cuándo sale la otra?”, cuenta Aboyo entre risas. Cada día salen unas 50 tortillas, y muchas veces no llegan a terminar la jornada sin colgar el cartel de agotado.
Pese al éxito, Chema y Álvaro mantienen los pies en el suelo. Tienen muchas ideas en mente, nuevas combinaciones y propuestas que irán llegando poco a poco, sin perder la esencia con la que nació La Maja: hacer las cosas bien, sin prisas y con identidad propia.
Sobre todo, ambos quieren lanzar un mensaje claro de agradecimiento. “El recibimiento de los zamoranos ha sido increíble”, coinciden. “Clientes de todas las edades, vecinos, gente que entra por curiosidad y vuelve al día siguiente… solo podemos dar las gracias”.
Porque La Maja no es solo un nuevo bar. Es la historia de dos amigos que decidieron creer en su tierra, en el producto local y en esas ideas que, como dicen ellos, aparecen sin pensarlas… y acaban cambiándolo todo.