Cientos de niños y niñas acompañados en muchos casos por sus familias han llenado las calles en el desfile infantil, confirmando que la fiesta con mayúsculas en la ciudad sigue llamándose Carnaval.
La participación masiva y la creatividad de los disfraces han dejado claro que hay cantera para años. Grupos numerosos, propuestas originales y una imaginación desbordante han convertido la jornada en una de las citas más entrañables del calendario festivo toresano.
Disfraces con mensaje, tradición y mucha fantasía
El desfile ha sido un auténtico escaparate de ideas. Desde Funkos, cazadores de tormentas, ninfas o elfos, hasta grupos reivindicativos que aprovecharon la ocasión para pedir mejoras para el campo junto a agricultores y ganaderos. Tampoco faltaron abejas y apicultores, un bingo viviente o el grupo familiar de samuráis toresanos, que arrancó aplausos a su paso.
La imaginación también se ha nutrido del sabor local, con guiños a la identidad toresana como los disfraces inspirados en las pastas de Toro, Reglero, la churrería o los cermeños, además de homenajes populares como la Pantera Rosa o el Hotel Juan II, que demostraron que el Carnaval mezcla tradición, humor y orgullo de ciudad.
Toro, ciudad del Carnaval provincial
El desfile se desarrolló con normalidad y con un ambiente festivo en todo el recorrido, acompañado por el dispositivo del grupo de gobierno, Protección Civil y Policía Municipal, que velaron por la seguridad del evento.
Una vez más, los pequeños han sido los grandes protagonistas de un Carnaval que en Toro no entiende de edades, pero sí de participación. Porque si algo ha quedado claro hoy es que el Carnaval toresano tiene relevo garantizado.
Toro sigue celebrando.
Y sus niños ya están preparados para mantener viva la fiesta.