El animal fue fotografiado y grabado por varios ciudadanos que no daban crédito a la escena. No es habitual ver a un castor paseando tan cerca del casco urbano, pero tampoco es la primera vez que aparece en la zona. Los expertos y vecinos más atentos recuerdan que estos animales llevan tiempo detectándose aguas arriba, en la ribera próxima a Villaralbo, donde el ecosistema del Duero mantiene rincones más tranquilos.
Una ciudad donde la fauna vuelve a encontrar hueco
La presencia del castor no llega sola. En los últimos años se han multiplicado los avistamientos de nutrias, garzas, visones, zorros e incluso jabalíes y ciervos o corzos en Valorio, señales de que la naturaleza vuelve a abrirse paso en el entorno urbano y periurbano.
Zamora, sin grandes anuncios ni campañas, parece estar recuperando algo que nunca debió perder: la convivencia con su flora y su fauna. El río, cuando crece, arrastra agua… pero también devuelve vida.
El Duero como refugio inesperado
No está claro si el castor se ha asentado en la zona o si simplemente ha sido empujado por la crecida desde zonas más calmadas del río. Las riadas suelen modificar rutas, hábitats y refugios, y no sería extraño que el animal estuviera explorando nuevos espacios.
Quién sabe si vendrá con pareja o si decidirá quedarse. Lo cierto es que su presencia sirve como recordatorio de que el Duero no es solo paisaje o postal: es un ecosistema vivo.
La clave: respeto
Los especialistas lo tienen claro: el mayor peligro para estos animales no es el río ni el clima, somos nosotros. Mantener distancia, no molestarlos y respetar su entorno es la mejor forma de garantizar que sigan encontrando en Zamora un lugar habitable.
Porque si la naturaleza vuelve, es buena señal.
Y si un castor decide pasear por el Puente de Piedra, quizá sea que el Duero vuelve a respirar.