jueves. 09.02.2023

Carmen, salvadoreña acogida en Casa Betania: "Cuando llegué Zamora me senté encima de mi maleta sin saber donde ir. Ahora tengo una familia"

"Fuera de cobertura", la campaña de Cáritas para visibilizar a las personas sin techo, saca a la luz historias como la de esta abuela de El Salvador o la de sus compañeros en este hogar zamorano: Diego, temporero adicto a las drogas, que denuncia las malas condiciones laborales del sector, Adriano, portugués de Braganza, sin ayudas por un contrato falso de trabajo, y Mahomed, marroquí de 32 años, abocado a la calle tras romperse su matrimonio
La directora de Casa Betania, María León, con algunas de las personas acogidas
La directora de Casa Betania, María León, con Carmen, Diego, Adriano y Mohamed

Carmen tiene 52 años, es originaria de El Salvador y hace 1 año abandonó su país huyendo de la violencia. Dejó allá a toda la familia con la esperanza de encontrar en España una vida más digna que le permitiera traer a sus nietos y alejarlos así de las maras, que reclutan a los niños de 12 años y convierten en esclavas sexuales a las niñas adolescentes. 

Desde Casa Betania, el hogar de Cáritas en la calle Sor Dositea Andrés que atiende a personas sin un techo, Carmen reconoce que tomar la decisión de venir a España fue "muy difícil", pero también quiere dejar claro que no se arrepiente. Su historia es uno de los ejemplos que ha visibilizado la ONG católica en su campaña "Fuera de Cobertura", que trata de romper estereotipos y prejuicios contra las personas sin hogar, cuyo perfil ha cambiado y se ceba con ciudadanos que tienen algunos recursos económicos pero insuficientes para acceder a una vivienda.

Y los extranjeros tienen más posibilidades de caer en esa exclusión residencial que afecta cada vez más a los españoles. Carmen es uno de ellos. Llegó a Madrid y fue acogida durante unos días por una amiga que vivía de alquiler. "Ella no podían alojar a nadie y fue hasta divertido esconderme cuando llegaba la dueña del piso", recuerda con una sonrisa esta joven abuela.

Durante su estancia en la capital de España no fue capaz ni de lograr una cita con Extranjería ante la saturación que hay y una persona le comentó que en provincias pequeñas es "más fácil" ser atendida para lograr un permiso de residencia. Le dieron una lista de ciudades y simplemente su dedo recayó donde ponía Zamora. Y se vino. Ya en la ciudad se sentó encima de su maleta y esperó en la estación de autobuses sin saber qué hacer ni dónde ir hasta que un ciudadano le preguntó donde quería ir. "A Cáritas le dije".

Y en Casa Betania está desde entonces, 8 meses esperando a que le den respuesta a su solicitud de asilo para poder trabajar legalmente. "Aquí me recibieron de forma muy amable, con mucho cariño, no me ha faltado nada, aquí tengo una familia", asegura. "Es muy difícil estar esperando una respuesta durante 8 meses, te desesperas porque te preguntas cuando vas a poder retomar tu vida, trabajar, tener una casa", recalca Carmen.

En el Salvador, la atmósfera de violencia se tornó irrespirable para ella. "Tienes que pagar para que respeten tu vida y la de tus hijos. Si no pagas, te los matan, secuestran o reclutan. A los 12 años, los niños son pandilleros. Y las niñas con 15 años...bueno, ya saben", cuenta. Y no quiere eso para sus nietos. "Quiero que tengan una vida mejor. Allí no puedes salir a caminar o a comprar más tarde de las ocho de la tarde. Y tomé la decisión de irme", dice, y agradece que exista Cáritas. "De lo contrario, estaría en la calle", agrega, tras desvelar sus sueños: "Tener permiso de trabajo, alquilar un piso y quedarme para poder traer a mis nietos". "Quiero quedarme aquí. Me gusta Zamora, tengo ya amigos", concluye.

La historia de Diego Melchor es distinta, aunque como Carmen busca rehacer su vida. "Pero no sé como seguir adelante", confiesa. Es un temporero madrileño, adicto a las drogas, que acumula contratos temporales que le impiden acceder al paro o a cualquier otra prestación. Su último trabajo fue en la vendimia de Toro y denuncia la precariedad de un sector que dice "se aprovecha de los más débiles". Con 48 años, y casi sin poder moverse por un lumbago, Diego explica que las bodegas subcontratan empresas para la vendimia y son estas sociedades las que contratan a temporeros por sueldos bajos, "a látigo", sin dar altas en la Seguridad Social. Muchos, como él, no tienen más remedio que aceptar estas condiciones si quieren tener unos ingresos mínimos, insuficientes para alquilar una vivienda. Calcula que en seis años habrá cotizado 50 días por año y subraya que incluso ha tenido problemas para cobrar.

Adriano, de 51 años, ha pasado por una situación parecida. Divorciado, con un hijo de 15 años, recaló en Zamora desde Braganza. Un contrato de trabajo falso, un despido posterior, una operación de cadera y la marcha a Valladolid de la persona con la que compartía piso le abocaron a la calle, tras estar ingresado un mes en el Complejo Asistencial de Zamora.

Cuando salió del hospital fue cuando se enteró de que en España no tenía derecho a la Seguridad Social debido a un contrato en el que está dado de alta con datos de otra persona. Un asistente social le remitió hace año y medio a Casa Betania y encontró trabajo gracias al plan de formación de Cáritas, pero la empresa ubicada en Salamanca le despidió. En Portugal se dedicaba al sector de la automoción desde los 17 años, pero allí la situación económica tampoco es fácil porque el salario mínimo es de 600 euros y los combustibles están más caros.

La última historia es la de Mohamed, de 32 años. Llegó a Cataluña hace tres años y se casó en Zamora, pero el matrimonio se rompió y este joven se quedó sin hogar. Emocionado, con la voz entrecortada, Mohamed relata que lleva un año en Casa Betania donde estudia español para poder trabajar como peluquero o cocinero, sectores en los que tiene experiencia. La directora de Casa Betania, María León, le interrumpe para explicar que Mohamed tiene derecho al permiso de residencia tras cumplir más de dos años en España, pero "no hemos podido cumplir los otros dos requisitos que pide la nueva Ley de Extranjería: un curso muy demandado y una oferta de empleo fijo". Mientras espera ha trabajado, de forma ilegal, en la vendimia, pero sin un contrato no puede acceder ni siquiera al alquiler de una habitación en cualquier vivienda de Zamora.

Estas son solo cuatro historias de las miles que viven en España las personas que se quedan "fuera de cobertura" en una sociedad en la que crecen las desigualdades y en la que es cada vez más frecuente la exclusión residencial. La campaña de Cáritas trata de hacerlos visibles, romper los estereotipos y acabar con prejuicios: muchos "sin techo" tienen recursos económicos, pero no los suficientes para tener una vida autónoma. "Fuera de cobertura" no oculta otra realidad: nosotros podemos ser ellos en un futuro.

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