Cuando Washington da lecciones de seguridad… Zamora escucha y sonríe

EE.UU. alerta sobre España… mientras su propia política migratoria inquieta al mundo

Hay avisos diplomáticos que conviene leer dos veces. No por lo que dicen, sino por quién los dice.
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En las últimas semanas, mensajes oficiales estadounidenses han advertido a sus ciudadanos sobre España: infraestructuras, seguridad, riesgos potenciales… el habitual catálogo preventivo que acompaña a cualquier guía consular.

Nada nuevo bajo el sol.
Pero tampoco está de más abrir el mapa y girarlo. Porque desde este lado del Atlántico, donde los problemas se discuten en el bar, en la plaza o en la redacción —y no entre agentes migratorios en aeropuertos—, la narrativa suena cuanto menos curiosa.

España: imperfecta, pero previsible

España no es perfecta.
Tenemos trenes que llegan tarde, carreteras que desesperan y administraciones que marean. Nada que el ciudadano medio no conozca mejor que cualquier embajada extranjera.

Pero también tenemos:

  • Sistema sanitario universal

  • Estado de derecho consolidado

  • Libertad de movimiento sin sobresaltos

  • Garantías judiciales comparables a cualquier democracia europea, no la que se vive en USA en la que su presidente campa a sus anchas y "pasa" olimpicamente de un parlamento que queda relegado a un plano efímero.

Viajar por España sigue siendo —para millones de personas— algo bastante más sencillo que preocuparse por controles migratorios o interpretaciones administrativas en frontera. Son casi 100 millones de visitantes al año, nuestro clima y nuestra posición es totalmente envidiable y prueba de ello también está claro que las visitas de ciudadanos europeos y de todo el mundo han recabao en España por algo.

Estados Unidos y su momento político

Mientras tanto, Estados Unidos atraviesa una etapa de endurecimiento migratorio y polarización institucional que genera debate global. Un debate marcado también por una falta de libertad absoluta en y sesgada donde se toma a las personas de color como seres inferiores, las mujeres importan de lo justo la mitad y también se destrozan derechos de su carta magna.

Las políticas de deportación, el papel de los agentes federales de inmigración y la incertidumbre para determinados perfiles de viajeros han alimentado una percepción exterior más cautelosa que en décadas anteriores.

No es una caricatura: ya es un debate real dentro del propio país.

Un país que durante décadas vendió al mundo la idea de libertad absoluta y que ahora gestiona tensiones internas que afectan a su imagen exterior. Las personas viven con miedo y los casos de Mineápolis son ya un problema mundial que enrarece aún más un ambiente viciado por un maremagnun de prejucios basado más en ideologias nacis y fascistas que en la libertad de la Estatua que da la bienvenida en la isla de Elis.

La ironía del espejo internacional

Resulta llamativo observar cómo en política exterior las advertencias viajan en una sola dirección.

Porque si hablamos de percepciones:

  • Europa mira con recelo ciertas dinámicas sociales en EE.UU.

  • Organizaciones civiles cuestionan prácticas migratorias

  • Viajeros internacionales valoran riesgos administrativos

El mundo globalizado ha convertido la reputación nacional en un ida y vuelta constante.

Y nadie tiene monopolio sobre la seguridad ni sobre la estabilidad.

Zamora lo mira con perspectiva

Desde aquí, desde una provincia que sabe lo que es la realidad —sin épicas geopolíticas—, el debate se observa con la calma del territorio:

Ni somos el caos que algunos describen Ni otros son el paraíso que venden

Somos sociedades complejas. Con luces, sombras y contradicciones.

España no necesita competir en relatos con nadie.
Ni exagerar sus virtudes ni importar alarmismos ajenos.

Pero sí conviene recordar algo en tiempos de mensajes rápidos:

👉 La credibilidad internacional no se construye señalando al vecino
👉 Se construye demostrando coherencia dentro de casa

Y en ese tablero global, todos —también las grandes potencias— tienen trabajo pendiente.

 

 

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