Zamora mira al cielo entre pendones: tradición, color y orgullo rural toman la ciudad

La Zamora más auténtica volvió este fin de semana a desplegarse al viento. Y lo hizo mirando hacia arriba. Hacia los pendones. Hacia las telas centenarias que ondearon entre calles abarrotadas, turistas sorprendidos y zamoranos orgullosos de unas raíces que todavía laten con fuerza. La II Edición de la reunión de Pendones ha sido un éxito total. El viento no ha sido barrera para una reunión que ha dado mucho de si. 
catedral y pendones _6
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La II Concentración de Pendones de la provincia de Zamora convirtió la capital en un auténtico hervidero de visitantes en un fin de semana repleto de actividades y eventos. Pero entre motos, procesiones y fiestas, hubo un momento para la tradición pura, para la esencia rural y para ese patrimonio humano que no necesita pantallas ni artificios para emocionar.

Los pendones de Fariza y sus pedanías fueron los encargados de abrir la comitiva. El blanco de Fariza contrastaba con los tonos rojos y verdes de la enseña bermeja en una explosión de colorido que avanzaba lentamente entre cuerdas, asideros, cordeles, palos y telas gigantescas que parecían querer tocar el cielo zamorano.

Detrás, decenas de pendones llegados de toda la provincia y también de la vecina León fueron llenando de historia y simbolismo las calles de la Bien Cercada. Porque cada pendón no es solo una bandera. Es un pueblo. Una identidad. Una manera de decir “aquí seguimos”.

pendones segunda edición zamora _48
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Y León volvió a demostrar que el mundo del pendón es mucho más que folclore. Trajes regionales perfectamente conservados, gaitas, tamboriles y grupos vestidos con indumentarias tradicionales de boda, baile o domingo llenaron Zamora de una estética que parece llegada de otro tiempo pero que sigue viva gracias a quienes se empeñan en mantenerla.

También hubo espacio para la mezcla generacional. Mucho traje regional… y mucho vaquero con camisa blanca. Porque sostener un pendón requiere fuerza, coordinación y orgullo. Y porque las nuevas generaciones empiezan también a entender que estas tradiciones no son una reliquia, sino parte de la memoria colectiva de los pueblos. Mujeres jóvenes y no tanto tiraron de cuerda de palo y pendón, también los peques que sin duda hacen una cantera que tiene mucho que decir. 

Los momentos más espectaculares llegaron en el Puente de Piedra y en la subida por Balborraz. Allí los pendones pelearon contra el viento, contra las pendientes y contra la dificultad técnica de mover semejantes estructuras entre calles históricas abarrotadas de público y teléfonos móviles captando cada instante.

Más tarde, la Plaza de la Catedral acogió el final del encuentro en una imagen de enorme fuerza visual: decenas de pendones ondeando frente al románico zamorano en un alegato silencioso a lo rural, a las raíces y a las tradiciones que todavía sobreviven en una provincia que se resiste a olvidar quién es.

Porque Zamora salió este fin de semana a la calle. Pero también salió a defender su identidad.

Y entre el sonido de gaitas, el golpe de los mástiles contra el suelo y las telas agitándose al viento, quedó claro que los pendones no solo representan pueblos. Representan memoria, orgullo y resistencia.

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