miércoles 20/10/21

Esquiladores del otro lado del Atlántico: 2 minutos por oveja

Una cuadrilla de cinco uruguayos llega a Ricobayo para trasquilar los animales del ganadero Laureano Andrés y perpetuar un oficio que en España se extingue por falta de relevo generacional
Laureano Andrés con los esquiladores uruguayos
Laureano Andrés con los esquiladores uruguayos

Llegan del otro lado del Atlántico para realizar un oficio que en España prácticamente ha desaparecido. Son uruguayos y ejercen una tarea que les obliga desde muy jóvenes a "doblar los riñones". Recorren todo el país esquilando ovejas y la semana pasada recalaron en la nave de Laureano Andrés, un ganadero de tercera generación, con casi 700 animales para trasquilar.

La cita fue el miércoles, el pasado 2 de junio. Pasan 20 minutos de las dos de la tarde y en la finca de Laureano Andrés se habla con acento uruguayo. Es la nacionalidad de los 5 esquiladores que recorren la provincia retirando la lana a las ovejas para que puedan soportar las altas temperaturas que llegarán en breve.

"Tardamos unos 2 minutos por oveja, aunque puede ser menos si el animal es pequeño y no tiene la lana muy gorda", asegura Marcelo Brum, que se estrenó en el oficio de adolescente y con él se sigue ganando la vida a sus 26 años. "Es duro, pero está bien pagado", añade.

Laureano Andrés, ganadero de Ricobayo

Aunque su empresa está contratada por una firma española, "Esquiladores Montaña de León", Brum y sus 4 compañeros forman parte de una cuadrilla que ha viajado desde el otro lado del Atlántico para realizar un oficio que los españoles han dejado de ejercer. Laureano Andrés lo confirma: "No encuentras esquiladores españoles. Los uruguayos y polacos copan el mercado porque conocen su trabajo y son rápidos".

Cuenta Marcelo Brum, en un breve descanso, que en Uruguay el esquileo sigue siendo un oficio que se transmite de padres a hijos, como es su caso. Arriban a España alrededor de marzo para empezar la campaña en las comunidades donde llega antes el calor, caso de Extremadura, y de julio y diciembre regresan a su país natal para continuar con la tarea.

Como a todos, la pandemia también les ha afectado al tener que comenzar la campaña con retraso debido a las restricciones sanitarias. Y de paso, a los ganaderos que como Laureano Andrés temían que la demora se alargara, aunque "gracias a las protestas de los sindicatos agrarios se permitieron los desplazamientos", indica este ricobayino, nieto e hijo de ganaderos.

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El oficio de trasquilar también ha evolucionado. Las cuadrillas realizan sus trabajos con máquinas y ni siquiera traen como complemento las tijeras de toda la vida. "Las esquiladoras nos han facilitado el trabajo. Es más rápido y menos duro", reconoce Marcelo Brum.

Esquila en Ricobayo

Tras la esquilada, llega colocar la lana a resguardo. Más de 1.200 kilos de lana se apilan en la nave de Laureano hasta que vengan a recogerla desde Vitigudino.

Llegan las 3 de la tarde y solo falta trasquilar a unas pocas ovejas paridas. Luego vendrá el merecido descanso alrededor de una mesa donde disfrutar de las mejores viandas de la tierra y despedirse hasta el próximo año, cuando las cuadrillas del otro lado del Atlántico vuelvan a tomar un avión para recalar en otro pueblo de Zamora y perpetuar un oficio que en España está casi extinguido por falta de relevo generacional.

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