Hay personas que terminan formando parte de la historia que tanto se esforzaron en preservar. Herminio Ramos Pérez ya ocupaba ese lugar mucho antes de su fallecimiento. Historiador, maestro, profesor, investigador, exconcejal y Cronista Oficial de Zamora, ha muerto este domingo dejando huérfana a una ciudad que durante décadas encontró en él la voz que mejor conocía y defendía su pasado.
La coincidencia resulta especialmente simbólica. Herminio Ramos falleció el mismo día en que el Museo Etnográfico de Castilla y León acogía la entrega de los Premios del Barro "Herminio Ramos", dentro de la 54.ª Feria de la Cerámica y la Alfarería, una cita inseparable de su trayectoria y de su empeño por proteger uno de los oficios más representativos de la provincia.
Horas antes de conocerse la noticia, sus hijos, Herminio y Carmen Ramos, asistían al acto de entrega de unos galardones nacidos por iniciativa de su padre en 2016 para reconocer el talento de alfareros y ceramistas. Durante sus cinco primeras ediciones fue el propio Herminio Ramos quien costeó los premios, convencido de que la tradición artesanal debía seguir teniendo un lugar destacado en la vida cultural zamorana.
El Ayuntamiento de Zamora ha trasladado su "más sentido pésame" a familiares y amigos, recordando que fue una de las figuras más relevantes de la cultura zamorana de las últimas décadas. No solo investigó la historia de la ciudad; la difundió, la enseñó y luchó por conservarla desde todos los ámbitos en los que trabajó.
Nombrado Cronista Oficial de Zamora en 2002, ejerció como maestro y profesor de Geografía e Historia, publicó numerosos libros. Su huella también quedó grabada en la gestión pública. Como concejal de Cultura fue uno de los impulsores de la Feria de la Cerámica y la Alfarería Popular, creada en 1972 y convertida hoy en una de las citas más emblemáticas del calendario cultural de la ciudad. También desempeñó el cargo de delegado provincial de Cultura, desde el que trabajó por la conservación del patrimonio histórico-artístico zamorano.
Pero quizá el mayor reconocimiento no llegó en forma de cargo ni de distinción. Herminio Ramos ya formaba parte del paisaje de Zamora en vida. Fue el único zamorano que tuvo el privilegio de contemplar una escultura dedicada a su persona en vida, un reconocimiento reservado a quienes trascienden generaciones y cuyo trabajo deja una huella imborrable en la sociedad. Ese homenaje simbolizaba el enorme cariño y respeto que la ciudad profesaba a quien dedicó décadas a preservar su historia y a divulgarla con pasión.
Herminio Ramos cumplió cien años el pasado mes de noviembre rodeado del afecto de su familia y del reconocimiento de toda una provincia que veía en él a uno de sus grandes referentes culturales. Su trayectoria fue distinguida con numerosos homenajes y reconocimientos públicos, fruto de una vida entregada al conocimiento y al servicio de Zamora.
Con Herminio Ramos desaparece mucho más que un investigador de la historia local. Se marcha una auténtica memoria viva de Zamora, un hombre que dedicó toda una vida a estudiar, divulgar y defender el patrimonio histórico, artístico y cultural de la provincia. Profesor, delegado provincial de Cultura, concejal, impulsor de la Feria de la Cerámica y Alfarería Popular de San Pedro y autor de numerosas publicaciones, su legado permanecerá ligado para siempre a la identidad zamorana.
Su fallecimiento deja un enorme vacío, pero también un legado difícil de igualar. En sus libros, en sus artículos, en las instituciones que ayudó a impulsar y hasta en la escultura que lo inmortaliza en una de las plazas más emblemáticas del casco histórico permanece la memoria de quien hizo de Zamora el centro de toda una vida.
Este domingo, mientras los alfareros recogían los premios que llevan su nombre y celebraban una tradición que él nunca dejó de defender, Zamora despedía, casi sin saberlo, a uno de sus mayores guardianes. Desde hoy, la ciudad conserva su historia un poco más gracias a quien dedicó toda una vida a contarla.