jueves 21/10/21

La renovada afición al croché suma una nueva empresa en Zamora: Ariamiguru

Las tardes de verano entregadas al ganchillo se hacían algo tediosas para una Aránzazu cuya forma de tejer no terminaba de amoldarse a las elaboraciones en plano pero que encontró su verdadera vocación en los amigurumis

Ariamiguru crochet
Ariamiguru crochet

El fervor por los amigurumis despertó el interés de Aránzazu por el ganchillo tras unos inicios frustrantes en su infancia. Entregada a las agujas desde los 11 años, fue hace tan sólo un año cuando esta zamorana apostó por aparcar a un lado los grannys para centrarse en la elaboración de estos famosos muñecos realizados a partir de técnicas de croché y originarios de Japón.

Fue entonces cuando encontró su verdadera vocación, dando salida a su forma de tejer “muy apretada” y que tantos quebraderos de cabeza le había traído desde que le enseñó su madre. Ahora, y tras comprobar el interés creciente por este tipo de artículos, se lanza al mundo empresarial con su propia marca: Ariamiguru crochet.

“La verdad es que empecé y ya no pude parar. Es un tipo de creación que engancha porque tienen una parte de terapia relajante, pero también es un proceso muy creativo” porque te permite variar crear diferentes personajes y personalizarlos en función de lo que te pide el cliente”. Aránzazu ya tiene todos los papeles de su nueva empresa, cuyos inicios son más que prometedores, con pedidos que ya se alargan hasta más allá de la campaña de Navidad, una época para la que ya ha diseñado hasta su propio belén hecho a base de amigurumis y que está siendo toda una revolución.

Ariamiguru crochet

Aránzazu no deja de mostrarse sorprendida por la buena acogida que ha tenido su proyecto en la ciudad desde que lo anunció en redes sociales, si bien sus diseños llevaban ya tiempo despertando la admiración dentro y fuera de la provincia, lo que le animó a emprender este nuevo proyecto. Y su madre “feliz de la vida” por ver que su hija ha encontrado el camino a su afición de toda la vida.

“Mi relación con el ganchillo de pequeña no era buena”. Las tardes de verano entregadas al ganchillo se hacían algo tediosas para una Aránzazu cuya forma de tejer no terminaba de amoldarse a las elaboraciones en plano (gannys, paños, colchas, etc). “No había manera”, reconoce, “por más que tejía y planchaba, eso no quedaba plano”. Frente a esos diseños, los amigurimis se presentaron ante ella como la horma de su zapato. “Es un tejido diferente y tienes que apretar mucho la lana para que no se vea el relleno. Así sí”.

Sus primeras creaciones fueron dando resultado y los pedidos crecieron hasta el punto de que Aránzazu se planteó formalizarlo ampliando el stock más allá de los famosos muñecos y ampliando a sets de regalo, artículos para bebé, etc. Sin tienda física, su taller se mantendrá en la comodidad de su hogar y con la esperanza puesta en que en un futuro Zamora vea nacer una cooperativa de tejedoras.

Ariamiguru crochet

Y cuando una empresa asoma, otras llaman a la puerta. La cadena empresarial se retroalimenta lo que ha permitido que la agenda de Aránzazu cuenta ya con varios interesados en echarle un guante con el transporte de sus pedidos y ofreciéndose suministros de material a gran escala.

Convencida de que no se trata de una disciplina complicada, Aránzazu ya planea poder realizar talleres y cursos presenciales -en el momento en el que las restricciones lo permitan- para que aquellas personas que ya saben tejer se lancen a este nuevo mundo.

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