La Plaza de la Constitución de Zamora se convirtió en escenario de un compromiso colectivo con la convivencia y el respeto con motivo del Día Escolar de la Paz y la No Violencia. Desde el corazón de la ciudad, el alumnado del Colegio Medalla Milagrosa lanzó un mensaje inequívoco: la paz no es un gesto simbólico marcado en el calendario, sino una tarea diaria que se construye en lo pequeño, en lo cercano y en lo cotidiano.
La comunidad educativa subrayó que la paz no es una utopía ni un ideal reservado a grandes figuras históricas, sino una práctica que comienza en un gesto amable, en una palabra que reconcilia y en la capacidad de escuchar. “Cada día, en cada decisión, tenemos la oportunidad de sembrar paz en nuestro entorno”, defendieron, insistiendo en que la convivencia se aprende, se ejerce y se contagia.
Desde el espacio público, y ante la presencia del subdelegado del Gobierno, Ángel Blanco, los escolares rechazaron de forma explícita todas las formas de violencia: la física, que hiere el cuerpo; la verbal, que daña con insultos y humillaciones; la emocional, que invisibiliza y menoscaba; y también la violencia silenciosa, la que se manifiesta cuando se mira hacia otro lado ante el sufrimiento ajeno. Frente a ello, defendieron una paz que cura, une y construye desde el respeto, el perdón y el cariño.
La concentración apeló a la necesidad de un mundo donde nadie tenga miedo y donde cada persona se sienta bienvenida y valorada, entendiendo las diferencias como fuente de enriquecimiento colectivo y no como motivo de exclusión. En ese contexto, el concepto de cuidado adquirió un valor central: cuidar no solo como acto de protección, sino como actitud ética y compromiso diario. Cuidar es acoger, respetar y acompañar.
La figura de Mahatma Gandhi fue evocada como referente de una resistencia basada en la verdad, la justicia y la no violencia. Su ejemplo sirvió para recordar que la verdadera fuerza no reside en la imposición, sino en la coherencia moral y en la defensa pacífica de los derechos.
El compromiso expresado en la plaza fue concreto. El alumnado se comprometió a ser constructor de paz en palabras y actitudes, a escuchar sin juzgar, a tender la mano sin esperar nada a cambio y a practicar el perdón como paso valiente hacia la reconciliación. También a resolver los conflictos desde el diálogo y la calma, buscando soluciones justas alejadas de cualquier forma de agresión.
La jornada dejó un mensaje nítido: la paz no se delega ni se aplaza; se ejerce cada día, en cada aula, en cada conversación y en cada gesto. En un contexto de incertidumbre global, la educación vuelve a situarse como espacio esencial de transformación social, donde el cuidado y la empatía se consolidan como herramientas reales de cambio.