Más de 150 personas participan en la clausura de la IV Asamblea Diocesana de Zamora

La jornada ha culminado con la celebración de la Eucaristía, vivida como envío misionero, en cuya homilía el prelado ha centrado su mensaje en la vocación como respuesta a una mirada de amor
misión para la Iglesia que camina en Zamora
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La tercera y última sesión de la IV Asamblea Diocesana ha congregado a más de 150 personas de la Iglesia diocesana, en un clima de encuentro y escucha, siguiendo el espíritu del camino sinodal.

La jornada ha comenzado con la oración inicial de la Hora Intermedia, a cargo del joven sacerdote Enrique García. A continuación ha tomado la palabra el obispo, Fernando Valera, quien ha recordado que la fe no es un discurso, sino un encuentro que transforma la vida. Como en el Evangelio de Leví, Jesús mira, llama y pone en pie. Desde esa experiencia ha subrayado que el reto no es ser minoría, sino no relevantes, y que la Iglesia está llamada a ser sal con sabor y testimonio creíble en medio del mundo.

A continuación ha tenido lugar la presentación de Pilar González y César Echevarría, un matrimonio de la localidad madrileña de Boadilla del Monte, que han ofrecido su testimonio en su parroquia del Santo Cristo de la Misericordia, bajo el título “La vocación como misión”, en sintonía con las claves del Congreso de Vocaciones de la Iglesia en España.

Tras el descanso, la Asamblea ha retomado su ritmo con un espacio de oración y la conversación en el Espíritu por grupos, eje central del trabajo compartido, en el que discernir juntos lo que el Señor pide hoy a la Iglesia que peregrina en Zamora.

La jornada ha culminado con la celebración de la Eucaristía, vivida como envío misionero, en cuya homilía el prelado ha centrado su mensaje en la vocación como respuesta a una mirada de amor. Ha señalado asimismo que una Iglesia que no vive en misión se apaga y ha insistido en que consagrados, laicos y pastores están llamados a ser signo de la ternura de Dios, especialmente en un tiempo marcado por la fragilidad y el sufrimiento.

Finalmente ha animado a todos los participantes a salir con la Eucaristía en el corazón y la misión en las manos, confiando en que el Espíritu sigue soplando con fuerza sobre la diócesis de Zamora y llamando a cada uno a responder con generosidad: “Sígueme”.

Tras la eucaristía los participantes han compartido mesa en una comida dé confraternización.

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