Tras los fuegos artificiales, que sirvieron de antesala perfecta, la Plaza de la Encomienda se transformó en un escenario vibrante donde los ritmos de ayer y hoy se fusionaron con una puesta en escena potente, atrevida y sin concesiones. El resultado: un lleno absoluto y una respuesta del público que superó cualquier previsión.
Miles de vecinos y visitantes llegados desde distintos puntos de la ciudad abarrotaron no solo la plaza, sino también todas las calles aledañas, en una imagen que vuelve a confirmar lo que muchos ya saben: San José Obrero juega en otra liga cuando se trata de hacer barrio y fiesta.
El espectáculo no fue solo musical. La combinación de iluminación, sonido y mezclas contundentes convirtió la noche en un auténtico baño de masas, con un público entregado de principio a fin. La Asociación de Vecinos, consciente del éxito, también subió al escenario para compartir el momento con los asistentes. Allí, Daniel Illán puso voz al sentir colectivo, animando a sus vecinos en una noche que ya forma parte de la memoria del barrio.
Plenilunio, música y una plaza rendida. Sanjo ha arrancado sus fiestas por todo lo alto. Y esto no ha hecho más que empezar.
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