Zamora acoge hasta mañana el curso “El románico: memoria viva de Europa”, una propuesta de la CEU Summer University 2026, organizada por el Real Instituto Universitario de Estudios Europeos de la Universidad CEU San Pablo, en colaboración con la Diócesis de Zamora.
El encuentro, que reúne a medio centenar de participantes, se celebra en un marco especialmente significativo: la iglesia románica de San Cipriano, convertida estos días en espacio de reflexión académica, cultural y eclesial en torno al románico como primer gran lenguaje artístico común de Europa y como una de las claves para comprender la identidad cultural del continente.
En el acto institucional celebrado esta mañana intervinieron Jaime Mayor Oreja, presidente del Real Instituto Universitario de Estudios Europeos, y Fernando Valera, anfitrión del encuentro, quienes coincidieron en subrayar la necesidad de mirar el patrimonio cristiano no solo como una herencia recibida, sino como una realidad viva, capaz de iluminar el presente y abrir caminos de futuro.
Mayor Oreja agradeció expresamente a Fernando Valera su “impulso”, que calificó de “clave y determinante” para que este curso haya podido celebrarse en Zamora junto al Instituto de Estudios Europeos del CEU. En su intervención, explicó que el curso pretende vincular el románico con las tres potencias del alma: la memoria, para recordar que el románico expresa una cultura viva de Europa; la inteligencia, para comprender la importancia del patrimonio en el rearme moral, cultural, social e incluso económico de territorios como Zamora; y la voluntad, para perseverar en una tarea que, señaló, debe tener continuidad.
“Esto es simplemente un arranque”, afirmó Mayor Oreja, quien defendió que estos cursos sobre el románico y su importancia como memoria viva de Europa “deben perseverar y mantenerse”, con el objetivo de extraer todo el potencial que el románico y la cultura tienen en una ciudad como Zamora.
Por su parte, el obispo, Fernando Valera, dio la bienvenida a los profesores, alumnos y participantes, y agradeció al Real Instituto Universitario de Estudios Europeos y a la Universidad CEU San Pablo “haber querido mirar hacia esta tierra y reconocer en nuestro románico no solo un admirable conjunto de monumentos, sino una verdadera palabra pronunciada en piedra”.
Valera recordó también la vinculación de Jaime Mayor Oreja con Zamora, especialmente desde los años en los que don Juan María Uriarte fue obispo de la diócesis, así como su relación con el Cristo de las Injurias. En este sentido, expresó su deseo de que este primer curso sea “el comienzo de una relación fecunda entre Zamora y el Real Instituto de Estudios Europeos”, capaz de visibilizar la ciudad, pensar Europa desde sus raíces y mostrar que esta tierra conserva una memoria viva con algo que decir al hombre contemporáneo.
En su intervención, el prelado subrayó que el curso no se desarrolla “en un aula al uso”, sino en una iglesia románica. “Aquí no hablamos del románico desde fuera, lo escuchamos desde dentro, porque la piedra, la luz y el silencio también enseñan”, señaló.
A partir de esta idea, recordó que antes de que Europa se configurara como proyecto político ya existían caminos, monasterios, catedrales, peregrinos, símbolos y formas compartidas. “El románico unió territorios sin uniformarlos, dio unidad sin destruir la diversidad”, afirmó, destacando que esta lección resulta especialmente actual para una Europa necesitada de raíces comunes.
Finalmente defendió que el románico de Zamora no puede entenderse como “un adorno urbano” ni como “una postal detenida en el pasado”, sino como una de las grandes cartas de presentación de la provincia. En este punto citó la riqueza patrimonial de Zamora capital, Toro, Benavente, San Pedro de la Nave y tantos pueblos que custodian un legado que, recordó, no pertenece solo a quienes hoy lo administran, sino también a las generaciones futuras.
Para la Diócesis de Zamora, añadió, cuidar el patrimonio “no es una actividad secundaria”, sino una responsabilidad espiritual, cultural y social. “Estos templos nacieron de la fe y para la fe, han sostenido la oración y la vida de generaciones enteras”, afirmó. Por eso, insistió, conservarlos no significa únicamente preservar piedras del pasado, sino custodiar lugares donde el ser humano ha aprendido a mirar a lo alto.
El anfitrión del encuentro puso también el acento en la necesidad de avanzar hacia modelos de gestión más profesionales, creativos y sostenibles. En esta línea, destacó el trabajo que la Diócesis desarrolla a través de la Fundación ZamorArte, especialmente en proyectos de apertura, conservación, interpretación y puesta en valor del patrimonio como la Milla Románica.
Valera recordó además que los participantes tendrán la oportunidad de visitar la Catedral de Zamora de manera excepcional y acercarse a la iglesia de la Magdalena, uno de los templos más bellos de la ciudad, donde la Fundación ZamorArte está realizando una inversión cercana a los 500.000 euros. “No se trata solo de restaurar un edificio, sino de devolverle toda su dignidad y hacerlo comprensible y fecundo para la ciudad”, señaló.
En la parte final de su intervención, insistió en que el patrimonio cristiano exige una tarea común en la que participen instituciones, universidades, fundaciones, administraciones, empresas, expertos, comunidades cristianas y ciudadanos. “Zamora tiene mucho que ofrecer, pero también necesita que otros la miren con confianza y voluntad de futuro”, afirmó.
El curso continuará hasta mañana con nuevas sesiones académicas y culturales. La jornada final incluirá la conferencia de clausura “Zamora románica. La perspectiva de un paisaje cultural”, a cargo de Marco Antonio Martín, presidente del Instituto de Estudios Zamoranos “Florián de Ocampo”, y concluirá con una misa cantada en la iglesia de San Vicente Mártir, acompañada por el coro Capella Ocellum Duri.
“El románico nos recuerda que Europa no nació solo de tratados o mercados, sino también de una manera de mirar a Dios, al hombre, a la comunidad y a la belleza”, concluyó Fernando Valera. “Que Zamora sea reconocida como lo que es: una tierra pequeña en población, pero inmensa en memoria, belleza y vocación europea”.