Éxito de público en la I Feria de Antigüedades de Zamora: ventas desiguales y posible regreso en otoño

Una eventual segunda edición en otoño toma forma entre expositores tras un fin de semana de gran afluencia y resultados comerciales dispares, con el reloj de alta gama como protagonista indiscutible del certamen
I Feria de Antigüedades y Coleccionismo Vintage
photo_camera I Feria de Antigüedades y Coleccionismo Vintage

“Cada uno habla de la feria según le va en ella”. La frase resume con precisión el pulso de la I Feria de Antigüedades y Coleccionismo Vintage celebrada en IFEZA, en Zamora. Entre la satisfacción general por la elevada afluencia de visitantes y la disparidad en los resultados comerciales, los expositores coinciden en destacar el ambiente y el interés generado en torno a un evento que ha debutado con fuerza en el calendario local.

Uno de los sectores que mejor ha capitalizado ese flujo constante de público ha sido el de la relojería. El comerciante Ángel González, habitual del circuito y con una larga trayectoria en este tipo de encuentros, confirma que las ventas han superado expectativas en su caso. Llega de Málaga y ya jubilado, mantiene una red de contactos que le permite acceder a piezas exclusivas procedentes de subastas, tiendas especializadas y colecciones privadas. “Muchas veces son los propios familiares quienes nos venden relojes de coleccionistas fallecidos”, explica, subrayando el carácter casi patrimonial de este mercado.

Angel relojes
Ángel González en su puesto de relojes

Su puesto ha sido uno de los más concurridos, con una oferta que abarca desde relojes asequibles hasta modelos de alta gama, incluyendo piezas de oro y firmas reconocidas. Esta diversidad responde a una estrategia clara: abrir el coleccionismo a distintos perfiles de comprador sin perder el atractivo de los artículos más exclusivos. La respuesta del público, en este sentido, ha sido determinante para consolidar la relojería como uno de los motores económicos de la feria.

Desde otro ángulo del recinto, María Carmen “Teté” y su pareja, Javier Oñate, llegados desde Pontevedra, aportan una visión más matizada. Con cuatro décadas de experiencia —y conocidos en el sector como “los piruleiros”—, se dedican a la venta de artículos centenarios. Coinciden en destacar la gran afluencia de visitantes, aunque reconocen que las ventas han tenido un arranque más lento: “Ha habido mucho público, pero las ventas han empezado a arrancar el domingo”, apuntan, reflejando una dinámica habitual en este tipo de ferias, donde el visitante observa primero y decide después.

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Puesto de Javier y Mari Carmen

El balance global lo traza el organizador, Francisco Blanco, que pone el acento en el éxito de convocatoria. “Han quedado encantados”, señala en referencia a los expositores, pese a que los resultados económicos no han sido homogéneos. “Ha habido gente que ha vendido muchísimo y otros nada, pero aun así quieren repetir por la cantidad de gente y el ambiente”, explica. Aunque no se aventura a ofrecer cifras concretas de asistencia, sí describe una imagen clara: “todo a rebosar”.

Blanco reconoce que algunos perfiles de producto han funcionado mejor que otros —como los relojes de alta gama—, pero insiste en que la clave ha sido la respuesta del público. Incluso entre quienes no han cerrado ventas, el interés por regresar en una futura edición es generalizado. La organización ya contempla una posible segunda cita en otoño, condicionada a la disponibilidad del espacio en IFEZA.

Más allá de los datos, la feria ha dejado escenas que reflejan la esencia del coleccionismo: de la mano del propio Blanco , que ha intercambiado entre profesionales, compras impulsivas —como la adquisición de una capa charra por 180 euros o navajas de colección— y operaciones de trueque con billetes antiguos. Un ecosistema donde el valor de cada pieza no solo se mide en euros, sino en historia, rareza y oportunidad.

Entre compra y compra también ha habido espacio para el intercambio y la pasión por coleccionar. El propio organizador confiesa que ha adquirido una capa charra por 120 euros, además de navajas antiguas, en un ambiente donde el trueque y el coleccionismo siguen muy vivos. También se han intercambiado billetes antiguos que cambian de manos entre aficionados, en una feria que ha funcionado como un auténtico punto de encuentro donde cada objeto arrastra su propia historia.

Con ese telón de fondo, ya se habla abiertamente de una segunda edición. Lo adelanta Ángel González, dispuesto a volver desde Málaga para repetir la experiencia en otoño, respaldada por la respuesta del público y por el interés de los propios expositores en volver a llenar IFEZA de piezas únicas, recuerdos y oportunidades.

 

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