Más allá de los galardones, la 38.ª edición de los Premios Vulcano y Mercurio dejó una sucesión de discursos cargados de emoción, recuerdos personales y mensajes de esperanza. Los premiados compartieron con el público las dificultades de emprender, el valor de las personas que acompañan cada proyecto y el orgullo de haber construido empresas de referencia sin renunciar a sus raíces zamoranas.
La intervención más emotiva fue la de Renata López, directora de Esla Formación, que convirtió la recogida del Premio Mercurio 2026 en una declaración de amor a Zamora, a su familia y a quienes deciden emprender pese a las dificultades.
"Emprender se parece mucho más a un acto de fe que a una cuestión de estrategia", afirmó. Una fe, explicó, "en las personas, en los proyectos y en el trabajo", que permite seguir adelante cuando todavía no existen garantías de éxito.
Para ilustrar ese camino recurrió a los versos del poeta zamorano León Felipe, comparando la aventura empresarial con un barco humilde que se atreve a abandonar el puerto para buscar el tesoro mar adentro.
El homenaje a sus padres y una reivindicación histórica para Zamora
Uno de los momentos más aplaudidos llegó cuando dedicó el premio a sus padres, emigrantes en Alemania durante los años setenta que regresaron a Zamora para abrir un pequeño negocio de reparación de calzado.
"Con mis padres crecí viendo la dignidad del emprendimiento, la cultura del esfuerzo y creyendo en Zamora", afirmó emocionada.
López recordó que ese legado representa también a toda una generación de zamoranos que se marchó en busca de oportunidades y decidió regresar para construir su futuro en la provincia.
Su discurso incluyó además una reivindicación muy concreta: la conversión en autovía de la N-122.
Recordó que siendo niña su madre repetía que "pronto veremos esta carretera convertida en autovía" y lamentó que, más de cuarenta años después, siga siendo una infraestructura pendiente.
"No podemos resignarnos a esperar indefinidamente un proyecto tan estratégico para Zamora", reclamó.
Madrid, el momento más difícil y el orgullo de decir que era de Zamora
La directora de Esla Formación repasó también uno de los episodios más complicados de la empresa: la apertura del primer centro en Madrid en 2014.
Reconoció que fueron casi cinco años muy duros, en los que incluso llegaron a plantearse abandonar el proyecto.
Sin embargo, recordó una anécdota que arrancó las sonrisas del auditorio.
"Cada vez que llegaba preocupada a Madrid decía que era de Zamora. Siempre ocurría algo mágico: aparecía alguien de Zamora o alguien que conocía a un zamorano."
Ese apoyo, junto al de su familia, sus hijas, su marido y todo el equipo docente, permitió consolidar un proyecto que hoy cuenta con centros en distintos puntos de España.
Antes de concluir volvió a citar a León Felipe con el poema Vencidos, comparando al empresario con un Quijote que nunca deja de perseguir sus sueños y recordando que "los grandes proyectos nunca se construyen en soledad".
Molinos del Duero: "Detrás de un paquete de harina hay muchas historias"
El discurso de Juan y Jorge Carbajo, responsables de Molinos del Duero, también estuvo cargado de agradecimientos.
"Detrás de un paquete de harina hay muchas historias", resumieron.
Los empresarios quisieron compartir el premio con los trabajadores de la empresa, a quienes definieron como el auténtico motor del proyecto.
También extendieron el reconocimiento a agricultores, cooperativas, almacenistas, centros de investigación y colaboradores que forman parte de una cadena de valor imprescindible para que la harina zamorana llegue a toda España e incluso a mercados internacionales.
Destacaron con orgullo que el nombre de Zamora se asocia a un producto de calidad.
"Cuando alguien oye hablar de la harina de Zamora siempre dice: tráemela, porque seguro que tiene que ser buena."
Rafael Sánchez Olea, Rafa el de "Cobadu": una vida dedicada al cooperativismo
La Medalla a la Lealtad Empresarial permitió escuchar uno de los discursos más cercanos y entrañables de la noche. Rafael Sánchez Olea, que ha dedicado 44 años a la Cooperativa Bajo Duero (Cobadú), agradeció un reconocimiento que quiso compartir con todas las personas que han formado parte de la entidad durante estas más de cuatro décadas.
Con el humor que caracteriza a quienes han vivido toda una vida ligados a un mismo proyecto, arrancó las sonrisas del auditorio al confesar que llevaba tantos años unido a la cooperativa que "he perdido hasta los apellidos; ya no soy Rafael Sánchez Olea, soy Rafa el de Cobadu".
Más allá de la anécdota, aseguró que su trayectoria no puede entenderse sin el equipo humano de la cooperativa, la confianza del Consejo Rector, de los socios y de todos los trabajadores que han contribuido a convertir Cobadú en una de las principales referencias del cooperativismo agroganadero español.
Manuel Faúndez: del volante de un camión a crear una industria de la micología
La historia de Manuel Faúndez Rivas, distinguido con la Medalla a la Dedicación Empresarial, resume como pocas el espíritu emprendedor que presidió la gala.
Recordó sus comienzos como camionero en Francia, donde conoció a su mujer, y cómo un viaje a Barcelona cambió el rumbo de su vida al descubrir que los níscalos alcanzaban precios impensables para quienes los recogían en Zamora.
Aquella oportunidad dio lugar en 1982 a la creación de una empresa dedicada a la transformación y exportación de setas, convirtiéndose en uno de los pioneros del sector micológico en la provincia.
Con la sencillez que caracteriza su trayectoria, reivindicó que la constancia, el trabajo diario y la capacidad de aprovechar las oportunidades han sido las claves de un proyecto empresarial levantado desde el esfuerzo y el conocimiento del territorio.