domingo. 14.04.2024
Imágenes del viaje de Ana y Rubén por la comarca de Sayago. Fotografía: CEDIDA
Imágenes del viaje de Ana y Rubén por la comarca de Sayago. Fotografía: CEDIDA

Cuando vivimos los últimos días del verano, cuando acaba de comenzar el nuevo curso escolar, es hora de hacer balance. Hora de poner en valor lo que tiene de excelencia viajar en autocaravana. Una formula de viaje que me ha permitido durante casi 25 años, acercarme a vivir con los lugareños de esos cientos de pueblos de nuestra geografía que carecen de servicios hosteleros.

Lugares en los que conocer a gentes pegadas a su tierra que siguen transmitiendo, de generación en generación, sus tradiciones.

Lugares donde son los abuelos, con ilusión, quienes adecentan y limpian de malas hierbas las orillas del arroyo cercano para que sus nietos disfruten del baño en verano, como ellos lo hicieron cuando eran niños.

Pueblos casi perdidos donde descubrir como un vecino talla la madera y, junto al trabajo que siempre hizo de aperos de labranza, da forma a unos pequeños bolos para un juego popular en su comarca.

Mujeres que guardan las recetas de sus madres, como ellas lo hicieron de las suyas. Cocineras de sabrosos platos que no tienen firma de chef pero, ¡para si quisieran ellos los ingredientes que ellas usan!

Así que es hora de dejar en la cuneta del olvido a aquellos políticos que abusan del titular fácil, que no buscan soluciones, que tan solo ponen señales ilegales; a aquellos empresarios para los que la palabra evolución no existe o desconocen su significado; a aquellos pseudo periodistas que manipulan la información y escriben al dictado.

Es momento de plasmar sentimientos. De expresar las sensaciones vividas en carreteras bacheadas, esas que nosotros recorremos por gusto y los vecinos que viven en esos lugares sufren todo el año.

Es momento de pararme a escribir de aquello que me contaron vecinos de algunos de esos pueblos. Que me dijeron “cuenta que carecemos de cualquier tipo de transporte, que las vías de tren, que un día fueron progreso, ahora prácticamente están escondidas entre maleza, ahora son la certeza del abandono.”

Hace años que algunas de esas estaciones, donde había hasta cantina, hoy no solo están cerradas, ahora están en estado de ruina.

Los autobuses ya no pasan por esas carreteras sin arcén, ni tan siquiera los dedicados a transporte escolar, ¿para qué? Ya no viven niños en estos pueblos.

Pueblos donde el médico se comparte, como se comparte el cartero o la tienda que "viste de furgoneta", con otros pueblos. Pueblos donde ni la iglesia sirve para cantar misa, donde el campanario ya no cumple su función porque nadie recogió el testigo al morir el ultimo campanero.

Pueblos sin ayuntamiento que ahora se llaman, en el mejor de los casos, pedanías o anejos. Pero en esos pueblos que las administraciones olvidan viven auténticos filósofos de la vida, grandes hombres que han trabajado de sol a sol, en el campo, en una cantera, para el señor de la dehesa o de la finca. Abuelos que guardan sus recuerdos para contarlos a quien quiera escucharlos y ¿qué mejor que hacer, cuando viajas en autocaravana y sin prisas, que escucharle a él? Y al escucharle te muestra sus manos que aun siguen agrietadas, te describe el frio y la lluvia de los años de mili o guerra; te enseña esos lugares escondidos, te habla de los pocos días de fiesta que se tenían al año, de como se ponían un lazo negro en la camisa blanca para avisar del luto, de las partidas de brisca...

La autocaravana de Ana junto a la iglesia de Villardiegua de la Ribera
La autocaravana de Ana junto a la iglesia de Villardiegua de la Ribera

Abuelas sin juventud, que durante años, sus ropas solo eran de color negro por un luto constante; abuelas que se levantaban al alba para encender una cocina de leña donde calentar la leche recién ordeñada; abuelas a las que los sabañones, fruto del agua fría, no les impedía seguir lavando la ropa en el rio y en pleno invierno, abuelas acostumbradas al zurcido y a dar la vuelta a los cuellos de las camisas y hasta quitarlos, cuando ya no había remedio. Abuelas que un día fueron mozas y las susurraron al oído palabras de amor; abuelas de partos en casa con palangana; abuelas de zapatillas todo el año y zapatos para visitar al doctor o bajar a la patrona en fiestas.

Familias trabajadoras que lograron con esfuerzo que los hijos tuvieran estudios, porque salir del pueblo era salir de la pobreza…

En definitiva, esos pueblos donde los vecinos siguen sacando sus sillas al fresco en la noches veraniegas. ¿Sabrán ellos que están acampados? No, no deben saberlo porque cuando sales de la autocaravana a dar un paseo alguien te dice: ¿Le saco una silla y se sienta al fresco, que hace calor para estar dentro?

Pueblos de la llanura castellana esa de la que escribía Unamuno: “...Castilla es una tierra con historia antigua, de gentes muy trabajadoras que levantan una tierra difícil de trabajar, agreste y dura…”.

Pueblos de las costas donde el atractivo son sus bravas mareas desgastando sus acantilados y donde las noches se engalanan con el abecedario que usan sus faros. Pueblos de valles pirenaicos con un paisaje que no te cansas de patear. Pueblos marineros, pero donde no atracan grandes yates y donde sus puertos, sin pantalanes, acogen pequeñas embarcaciones de pesca de bajura. Pueblos donde descubrir que los ríos eran medios de transporte para la madera de sus bosques.

Pueblos que atesoran románico, aquel arte que era escuela para todos en un cambio de milenio, allá por el siglo XI.

Pueblos donde sus castillos y casas blasonadas nos hablan de su historia ahora olvidada.

Pueblos sin etiquetas turísticas, porque no las necesitan.

Pueblos donde viajo con la única certeza de que en mi recorrido encontrare a gentes autenticas y un paisaje en que perderme.

Así que señores que se dedican a difamar y a poner falsas etiquetas, de forma maliciosa, a los viajeros en autocaravana, ustedes sabrán a quienes sirven. Yo viajo todo el año, y como yo, muchos compañeros y a nuestro paso, vivimos con aquellos a quienes las administraciones, con su dejación, les han vaciado sus pueblos de servicios y de vida y ahora llevan la coletilla de "España vaciada".

Los causantes de esa España que se vacía es el abandono de las administraciones. Lleva la firma de las macrogranjas; la de la sobreexplotación de los acuíferos, para una agricultura de regadío en lugares de secano, que está desertizando nuestra geografía; la de los inmensos parques eólicos, porque ahora sí querido Alonso Quijano, Quijote para la mayoría, ahora si son verdaderos gigantes, tan gigantes como los beneficios de los Fondos de Inversión Extranjeros, ...

Por último quiero suponer que muchos camping, esos que nos ven como su amenaza en verano, ahora que ya se acaba este periodo vacacional, y a diferencia de otros años, sí van a permanecer abiertos para ofrecer sus servicios a un colectivo que viaja todo el año. Quiero suponer que en caso de cierre será para acometer las obras necesarias para que los vehículos voluminosos puedan circular por sus viales; para ofrecer servicio de vaciado y llenado de depósitos; que van a preparar plazas de aparcamiento que se destinarán a viajeros en itinerancía,… En fin, es momento de volver a la carretera a disfrutar de una España rural que nos espera.

Ana Pose @subetealpaisaje

Viajar en autocaravana algo más que hacer turismo