viernes 24/9/21

Ramiro Toranzo, el niño que sobrevivió en 1953 a la explosión de una bomba en Granja de Moreruela

La detonación le costó la vida a su vecino de 12 años, que encontró el artefacto y lo golpeó con un palo

Más de seis décadas después, con 78 años cumplidos, recuerda que se desmayó y que cuando despertó no podía dejar de llorar. "No se me quitó el olor a pólvora en días", rememora

Ramiro Toranzo, en el lugar donde explotó una bomba hace 68 años
Ramiro Toranzo, en el lugar donde explotó una bomba hace 68 años

Lloró durante días y aún hoy el ruido de los truenos le estremece todo el cuerpo. Sesenta y ocho años después de aquel suceso que marcó su niñez, Ramiro Toranzo recuerda minuto a minuto la secuencia de la explosión de aquella bomba que acabó con la vida de su vecino, un niño dos años apenas mayor que él.

Ambrosio tenía 12 años y era revoltoso, siempre  correteando por las calles de su pueblo, Granja de Moreruela. Ese día de finales de agosto de 1953, Ramiro Toranzo, que ha cumplido 78 años, había salido a sembrar nabos con su abuelo, Marciano Carbajo. Cuando ya estaban terminando la tarea apareció por el camino El Salao, hoy conocido como el camino del Monasterio, el joven Ambrosio con un bulto escondido bajo la ropa.

ramiro toranzo

Los dos pequeños dejaron solo al abuelo para que rematara la faena y se fueron a jugar, uno ilusionado por mostrar lo que había encontrado y el otro, intrigado por saber lo que su vecino escondía. "Recuerdo como ahora mismo que sacó de debajo de la ropa como una bola", rememora Toranzo. "Le damos con un palo y salen luces de colores, ya verás". Fueron las últimas palabras de aquel niño travieso, que se agachó para arrearle un palo a aquel artefacto que acabó con su vida en unos segundos. Detrás de él, de pie, Ramiro Toranzo se quedó inmovilizado con restos de metralla y de trozos de su amigo por todo el cuerpo. Solo oyó un enorme grito de dolor y, por segundos, vio a su vecino de 12 años retorcerse en el suelo antes de echar a correr para desmayarse a los pocos metros.

Recuerda que cuando despertó, ya en casa del médico, solo oyó "está vivo, está  vivo". Después le contaron que un vecino que pasaba por la zona con carro y burro le recogió, que la explosión se oyó a más de 2 kilómetros de distancia y que él se salvó porque no se agachó como Ambrosio.

Cuenta que lloró durante días y que no quería hablar con nadie. Aún hoy, 68 años después, los truenos le provocan escalofríos porque le recuerdan el estruendo de aquella explosión y cuando pasea por aquel camino no puede evitar mirar hacia la zona en la que explotó aquella bomba. "Se me hiela la sangre", asegura.

Después de aquello, el abuelo no volvió a hacer mención de aquella desgracia y Toranzo nunca supo si aquel artefacto era o no una bomba de la Guerra Civil que algún vecino del pueblo conservaba y con la que se topó Ambrosio. "Me dijeron que podía ser una bomba de nublao", señala el hoy septuagenario, artefactos que en aquellos años se lanzaban al cielo, sobre todo, en primavera, para aminorar los daños de las tormentas. Sin embargo, algunos vecinos dudaban de aquella versión porque este tipo de dispositivos "no hacen tanto ruido al explotar".

Días después del suceso le llamaron a declarar en Villalpando, pero ni en este ni en otro posterior llamamiento llegó a ver al juez. "Nunca declaré, nunca he sabido lo que realmente provocó la explosión y si la Guardia Civil abrió o no una investigación", subraya Ramiro Toranzo. Si sabe que "lloré todo lo que quise" y que durante días "todo el cuerpo y el pelo me olía a pólvora".

Más de seis décadas después de ver morir a un compañero de juegos reconoce que le gustaría saber qué mató a su vecino Ambrosio, aquel adolescente vivaracho que tuvo la mala suerte de encontrar en su camino un artilugio mortal. Ramiro Toranzo tuvo la fortuna de permanecer de pie, detrás de su vecino de 12 años para ver las "luces" que se suponía salían de aquel artefacto que hizo añicos las piedras del camino.

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