KUZA, el coro "kuir" de Zamora que convierte cada domingo en un espacio de encuentro, música y cuidado colectivo

Dieciocho personas ensayan en la sala municipal Ruta de la Plata, en un local cedido de forma desinteresada por la Banda de Música de Zamora, en un proyecto impulsado por el colectivo LGTBIQ+ que narra desde dentro Clemen Formáriz
Coro Kuza. Foto cedida
photo_camera Coro Kuza. Foto cedida

Cada domingo por la tarde, la sala municipal Ruta de la Plata en Zamora cambia su ritmo habitual. Dieciocho personas ocupan el espacio cedido gratuitamente por la Banda de Música de Zamora para algo que va mucho más allá de un ensayo coral: sostener un proyecto de vida compartida. Allí se reúne KUZA, el coro kuir impulsado por el tejido LGTBIQ+ local, una iniciativa que ha ido tomando forma desde la necesidad de encontrarse, reconocerse y construir comunidad a través de la música.

La historia de este grupo se entiende mejor de la mano de Clemen Formáriz, una de las impulsoras del proyecto, que guía el relato desde el origen y pone voz a un proceso que no nació de una estructura institucional, sino de una inquietud colectiva: crear un espacio donde cantar fuera también una forma de existir con más libertad.

El ensayo comienza sin ceremonia, pero con una constancia que ha terminado por dar identidad al grupo. La sala municipal Ruta de la Plata, cedida de manera desinteresada por la Banda de Música de Zamora, se convierte cada semana en un punto de reunión donde conviven personas de edades, trayectorias y experiencias muy distintas.

Coro Kuza durante un ensayo
Coro Kuza durante un ensayo

Dieciocho voces que afinan, dudan, aprenden y, sobre todo, se escuchan. La música estructura el encuentro, pero el verdadero hilo conductor está en lo que ocurre entre nota y nota: la construcción de confianza, la desaparición progresiva de las distancias y la sensación de que ese espacio no exige explicaciones previas para poder habitarlo.

Entre esas voces están también las de Clara, Pilar, Óscar. Miguel Ángel, Andrea o Paloma, algunos de los integrantes de un grupo donde cada incorporación ha ido ampliando la dimensión humana del proyecto y reforzando la idea de que el coro funciona como un lugar de acogida y convivencia.

KUZA surge del impulso del colectivo LGTBIQ+ local con una idea sencilla y a la vez profunda: generar un espacio donde la diversidad no sea un añadido, sino el punto de partida. La música aparece como herramienta común, accesible incluso para quienes no tenían experiencia previa en el canto coral.

La evolución ha sido rápida. Lo que comenzó como una iniciativa pequeña ha ido consolidándose hasta convertirse en un grupo estable que ensaya cada semana, construye repertorio y empieza a tener presencia en la vida cultural de la ciudad. El coro ya ha participado en citas culturales como el Mubaza Fem, una de sus primeras actuaciones públicas, y ahora trabaja en nuevos repertorios donde aparece incluso música de Britney Spears, incorporando referencias pop desde una mirada propia y colectiva.

Pero, sobre todo, el proyecto ha ido tejiendo una red emocional que sostiene a quienes participan.

Ana Castro y la construcción de un sonido colectivo

La dirección musical de Ana Castro es uno de los pilares del proyecto. Su trabajo combina la conducción técnica con una pedagogía adaptada a distintos niveles, permitiendo que cada persona encuentre su lugar dentro del conjunto sin quedar fuera por falta de formación previa.

El repertorio se construye desde la mezcla: piezas populares reinterpretadas, adaptaciones de música tradicional y propuestas contemporáneas con sensibilidad "kuir". El resultado es un lenguaje musical en constante evolución, que dialoga con lo conocido desde una mirada distinta, más abierta y más personal. En un contexto como el zamorano, donde la dispersión geográfica y la falta de referentes visibles LGTBIQ+ siguen marcando la experiencia de muchas personas, KUZA se ha convertido en un punto de referencia.

El coro se define como un espacio abierto a personas LGTBIQ+ y aliadas, donde la convivencia no es un añadido, sino la base del proyecto. En ese entorno, la música no solo articula el tiempo del ensayo, sino que facilita algo más difícil de construir: un lugar donde la identidad no necesita justificarse para poder existir.

El grupo ha comenzado a participar en actividades culturales locales, llevando su propuesta a distintos espacios de la ciudad y reforzando así su visibilidad pública. Cada actuación no solo supone un paso artístico, sino también una forma de afirmación colectiva.

En el horizonte inmediato se encuentran nuevos encuentros y proyectos autogestionados que buscan ampliar esa presencia sin perder el carácter cercano que ha definido al coro desde su origen.

KUZA avanza como un proceso en construcción constante. Cada ensayo en la sala municipal Ruta de la Plata confirma una idea sencilla pero significativa: que la música, cuando se comparte desde la diversidad y el cuidado, puede convertirse en un lugar habitable. Un espacio donde las voces no solo suenan juntas, sino que aprenden a reconocerse.

 

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