Cuando el Carnaval apura sus últimas horas y el Miércoles de Ceniza devuelve a Zamora a la rutina, queda el rastro de quienes viven la fiesta sin calendario y la entienden como una forma de estar en la calle. Juan Carlos Manzano es uno de ellos.
Vendedor de la ONCE, zamorano y vecino del barrio de Pinilla, donde se le conoce como "Bisbal", apodo de la época en la que llevaba el cabello largo, ha convertido el disfraz en una seña personal que trasciende las fechas carnavalescas. Le gusta disfrazarse en los eventos que marcan la vida social de la ciudad y hacerlo, además, mientras trabaja: una manera directa y cercana de llamar la atención, provocar una sonrisa y generar complicidad con quienes se cruzan cada día en su camino.
“No es afición, es que yo soy así”, resume con naturalidad. "Si pudiera, se disfrazaría los 365 días del año", confirma su pareja, aunque con un matiz clave: cada traje solo cobra sentido si responde a un contexto concreto. Carnaval, Semana Santa, San Valentín, San Pedro o ferias gastronómicas. El disfraz funciona cuando dialoga con el evento y con quien lo observa, nunca cuando se impone.
Con el paso del tiempo, algunos de sus atuendos han quedado ya fijados en la memoria reciente de la ciudad. El más celebrado fue el ratón con el que recorrió la Feria del Queso Fromago, un personaje que sorprendió por su simpatía y por el juego constante con vecinos y visitantes. A ese se suman el corazón de San Valentín, la túnica de Semana Santa o los trajes vinculados a las fiestas de San Pedro, siempre cargados de guiños fácilmente reconocibles para el público local.
Durante años compró disfraces y los “tuneaba” él mismo; hoy, muchos los alquila, con la ayuda imprescindible de Inés, de La Calesa, y con pequeñas aportaciones de costura hechas en casa. No se trata de acumular, explica, sino de no repetirse, salvo en fechas muy señaladas, donde el símbolo pesa más que la novedad.
Juan Carlos lo tiene claro: no se disfraza para vender más, aunque reconoce que cuando alguien se detiene, sonríe o comenta el traje, el cupón aparece de forma natural. “Hay quien te dice: solo por cómo vas vestido, te compro”, cuenta. La clave está en no forzar nada y en mantener siempre el respeto por cada celebración y su significado.
Esa facilidad para meterse —literalmente— en la piel de otros personajes se extiende también al ámbito deportivo. Juan Carlos es quien da vida a Zamoroso, la mascota del Zamora Club de Fútbol, otra faceta desde la que anima la vida social de la ciudad y refuerza su presencia en el espacio público.
Vendedor habitual en la Plaza Mayor, abrió en agosto junto a su mujer un pequeño kiosco en Balborraz, con un escaparate siempre adornado con las hormigas que forman parte de la historia familiar de ella, originaria de Colombia. Allí combina la venta diaria de chucherías con los saludos y una cercanía ya reconocible para varias generaciones de zamoranos.
Zamorano de nacimiento, de barrios y de costumbres, entiende el disfraz como una forma de participar activamente en la vida colectiva, sin estridencias ni protagonismos impostados. Ya prepara el traje con el que recorrerá la Feria Meliza, que se celebrará los días 20, 21 y 22 de febrero de 2026 en Ifeza. “Siempre que haya un evento, pensaré en un traje”, afirma, porque para Juan Carlos Manzano disfrazarse es su manera de estar en Zamora, entre su gente y sus fiestas, convirtiendo cada calle en escenario y cada encuentro en una oportunidad para compartir sonrisas.