viernes 24/9/21

Los escuchas de incendios en Zamora: dar la alarma en la soledad de una torreta con herrumbre por 1.000 euros al mes

Estos centinelas del fuego trabajan en condiciones tercermundistas, sin baño, con contratos temporales y en puestos en los que es evidente la falta de mantenimiento
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Trabajan 10 horas al día en torretas que miden más de 20 metros de altura y que solo abandonan cuando acaban la jornada.

Sin baño en el que aliviar una mala digestión, sin vestuarios, con una silla de terraza para mal sentarse y sin luz eléctrica, en la mayoría de los casos. Así son las condiciones en las que trabajan los escuchas de incendios, los grandes desconocidos de un operativo que se pone en marcha cada verano para prevenir los fuegos, en ocasiones intencionados, que arrasan con pasto, monte bajo y matorral, y que ponen en peligro muchas vidas.

Ellos son los primeros en dar la voz de alarma, en situar el foco de la llama poniendo el ojo en la alidada de pínulas que marca los grados, pero nadie conoce ni sus nombres, ni sus caras ni tan siquiera las condiciones tercermundistas en las que trabajan.

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Son empleados públicos, pero forman parte del gran colectivo de mileuristas que sobreviven en España, la mayoría jóvenes, muy formados, pero olvidados por la Junta de Castilla y León, que les contrata entre 3 y 6 meses y les coloca en torretas con goteras, donde el calor te derrite en verano y te congela los huesos cuando se acerca el invierno.

Cristian Carrascal es uno de esos centinelas de los fuegos. Él pone el rostro al resto de compañeros que soportan la soledad durante 10 horas al día, con la única compañía de una voz que desde el Centro Provincial de Mando (CPM) pregunta cada hora si hay novedades en el puesto.

Este joven, fogueado en las labores de extinción tras ocupar diferentes puestos en primera línea y técnico superior en Gestión de Recursos Paisajísticos, tiene suerte porque la torreta desde la que vigila en el entorno de la ermita de Gracia, en Bermillo de Sayago, se ubica justo al lado de un depósito de agua y aprovechando la instalación, tiene luz eléctrica para saber en que escalón pisa la escalera de hierro que le llevará al puesto de vigilancia. Algunos de sus compañeros no son tan afortunados. Cristian Carrascal también puede sentarse en una cómoda silla de oficina, que le han traído en esta campaña. Otros ni siquiera tienen una o llevan de casa la típica que se coloca en las terrazas.

Pepe Manso, responsable de Medio Ambiente en la FSP de UGT, destaca otra de las ventajas de la torreta de Gracia de Bermillo: el acceso es bueno, pero en otras los caminos son intransitables y los trabajadores arriesgan el "tipo" para llegar a sus puestos con sus propios vehículos.

Pepe Manso ante la torreta de Gracia en Bermillo

El delegado sindical señala que la provincia cuenta con 18 puestos de vigilancia en la campaña de extinción de incendios, durante la que se contrata a 41 empleados públicos entre 3 y 6 meses.

UGT lleva años luchando para que se amplíen y se mejoren los contratos al entender que "cuesta menos prevenir un incendio que apagarlo". Sin embargo, sus reivindicaciones caen en saco roto y hasta para cambiar una bombilla en una de las torretas con luz tuvo que transcurrir una campaña. "Está claro que a la Junta no le interesa preservar el medio ambiente para prevenir el fuego", subraya Pepe Manso.

El abandono del campo y la dejadez de la Junta se convierten en la combinación perfecta para que los fuegos proliferen en la provincia cada verano. "Donde hay aprovechamiento forestal, hay menos incendios", zanja el responsable de Medio Ambiente de la FSP de UGT.

Mientras Manso habla de la "negligente" gestión del Gobierno regional en el operativo de extinción, Cristian Carrascal otea el horizonte con unos prismáticos para comprobar que todo sigue en orden. "No tienes ningún punto de referencia, pero memorizas en tu cabeza el paisaje y si hay algo que no cuadra, te das cuenta", explica. Hay equivocaciones, por supuesto. A veces la vista engaña y lo que es una nube de polvo puede confundirse con fuego.

Aun así, Manso considera que los ojos de estos empleados son más fiables que las cámaras térmicas. "Con las olas de calor, estas cámaras son muy sensibles y saltan. En ocasiones, se moviliza el operativo por un fallo de este tipo y eso cuesta mucho dinero", recalca el sindicalista.

Cuando llega el momento de avisar, Carrascal confiesa que no se pueden evitar los nervios y el miedo a equivocarse, aunque él está avezado en estas labores tras pasar por la ELIF, la cuadrilla ROMEO 13 de Sayago o la CHARLIE 14 de Alcañices. Reconoce que lo más duro es la soledad que reina en la torreta, un "aislamiento" que sobrelleva estudiando y leyendo. 

En una torreta de hierro, corroída en parte por las goteras que dejan filtrar el agua cuando llueve, Cristian Carrascal come y cena la comida que lleva preparada de casa y que sube en una mochila más de 20 metros cada día.

En el mismo puesto, lo más a la sombra posible, ha colgado una garrafa de agua de 5 litros y trabaja rodeado de mapas, pero también de herrumbre ante la falta de mantenimiento de unas torres que no visita nadie. Cuando la necesidad aprieta y hay que ir al baño, "nos arreglamos como podemos", apunta con la mirada hacia el suelo, desde el que se extiende un enorme campo. No hay necesidad de más explicaciones.

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