sábado 27/11/21

El Arca de Noé que se forja en Aliste

"El Tribu", como se conoce a José María Manzana en San Juan del Rebollar, lleva 15 años creando un parque de animales elaborados con chapa en una finca de su propiedad que se puede visitar todos los días

En este museo de la naturaleza falta la paloma Letizia, un ejemplar amaestrado que se comió un visón hace unas semanas

José María Manzana "El Tribu", en su parque de animales
José María Manzana "El Tribu", en su parque de animales

De niño, se pasaba horas en el campo escudriñando cada rincón del monte que se expandía por su pueblo. Su amor por la naturaleza lo lleva en el mote, "El Tribu", apelativo que debe a su madre.  "Eres como lo de esas tribus, siempre entre la naturaleza", le decía.

Y como "El Tribu" se le conoce en San Juan de Rebollar, pueblo en el que lleva 15 años creando un Arca de Noé de metal, que ya es una de las visitas obligadas en un recorrido por la comarca de Aliste.

Arca de Noé en San Juan del Rebollar

Detrás de este mote está un hombre talludo y locuaz, de nombre José María Manzana Cerezal, que acoge con una sonrisa y las puertas abiertas a todo aquel que quiere entrar en este Arca de Noé, un museo de la naturaleza hecho en chapa de 1,5 milímetros en el que los visitantes pueden conocer todos los animales que se crían por la zona. Y hasta los que se "pasean" por ella, como aquel ejemplar de lince ibérico, de nombre Kentaro, que en 2015 recorrió media península para recalar en la provincia, concretamente en Mellanes, para ser abatido después en Oporto.

Conductor de Bulldozer de incendios forestales con la empresa Tragsa, "El Tribu" aparca el vehículo los fines de semana para pasarlos en su taller, en el que dibuja y "siluetea" en chapa cada animal que exhibe después en su parque, en el que basta leer algunas de las máximas que cuelga en este particular museo para entender lo que persigue con esta labor "labrada" a forja: concienciar a todos, sobre todo, a los más pequeños de que "la conservación de la naturaleza es deber de todos".

No falta en el Arca de Noé alistano un homenaje al gran naturalista y divulgador Félix Rodríguez de la Fuente, que tiene su caseta exclusiva con fotografías que rodean algunas de las 140 cajas de nidos que "El Tribu" reúne en la finca. No falta ningún detalle en el parque, a excepción de la paloma Letizia, amaestrada por Manzana que un visón se comió hace semanas.

Confiesa que le gustaba ir poco a la escuela porque prefería "investigar" sobre los árboles y recoger los nidos que se encontraba durante sus andanzas diarias por el campo, correrías que con apenas 11 años le costaban todos los días los castigos que le imponía su madre. Sus ausencias de las aulas no le han restado un ápice de intelecto y, como él mismo dice, "soy soldador, carpintero, ingeniero...todo lo hago yo", asegura.

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Su pasión es tanta que le ha comprado a una vecina otra pequeña cercana a su parque para continuar con su obra, esta vez, con animales de carne y hueso. A las dos ovejas que pastan ahora por la cortina se unirán un grupo de cabritas para que los niños y niñas disfruten y conozcan de cerca la naturaleza.

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No dejará de lado su labor creativa. Sus próximos animales en chapa serán más aves. "Hay muchas sin hacer aún", apunta, mientras su mujer, a su lado, le interrumpe para subrayar que "conoce todos los pájaros". Pero, su obra pendiente, es reproducir a escala natural a Luis Miguel Domínguez, Lobo Marley, al que le une una gran amistad aunque no siempre coinciden en ideales. "Me ha ayudado mucho en difundir este parque", asegura agradecido José María Manzana, aunque recalca que "hay que respetar el lobo, pero controlándolo". En la pirámide, "El Tribu" sitúa primero al ganadero o pastor, después al cánido.

"Esto es un oasis", destaca orgulloso "El Tribu", mientras enseña un murciélago que reposa en una de las casetas que ha fabricado para que estos mamíferos descansen de sus vuelos.

El Arca de Noé que se forja en Aliste
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