Nueve horas sin luz en San Martín de Castañeda: vecinos y hosteleros al límite tras un nuevo apagón que deja tres heridos

Las reclamaciones reiteradas a Fenosa, la distribuidora del Grupo Naturgy, acaban siempre en saco roto y no se indemnizan las pérdidas, mientras los cortes de suministro, en muchos casos ajenos a la mala climatología, provocan accidentes, personas heridas y daños económicos en un pueblo que denuncia sentirse ignorado y desprotegido por los responsables del servicio
Óscar Coca muestra la mano vendada tras caerse durante el corte de luz
photo_camera Óscar Coca muestra la mano vendada tras caerse durante el corte de luz

La paciencia se ha agotado en San Martín de Castañeda. La noche del sábado al domingo, el municipio volvió a quedarse completamente a oscuras durante nueve horas, desde las nueve de la noche hasta las seis y media de la mañana, tras una tarde marcada por apagones intermitentes que comenzaron alrededor de las siete. Se trata de un episodio más de una situación que vecinos y hosteleros aseguran haber denunciado una y otra vez, sin que nadie parezca escucharles.

Lejos de tratarse de un hecho aislado, los cortes eléctricos forman parte de una normalidad cada vez más peligrosa, insisten los afectados. En muchas ocasiones, no hay viento, nieve ni fenómenos meteorológicos adversos que los expliquen, pero sus consecuencias se repiten siempre sobre los mismos: pérdidas económicas, accidentes y una creciente sensación de abandono.

Accidentes en plena oscuridad

Uno de los episodios más graves de la noche se produjo en el restaurante La Terraza. Su propietario, Óscar Coca, resultó herido cuando la luz se fue de forma repentina. Al salir de cocina con un plato, el apagón le sorprendió: el plato cayó al suelo, el cristal se le clavó en el brazo y tuvo que recibir cinco puntos de sutura. Además, se lesionó un dedo al apoyar la mano durante la caída, una secuela que todavía arrastra.

El hostelero Óscar Coca con el brazo vendado
El hostelero Óscar Coca con el brazo vendado
El hostelero Óscar Coca muestra la lesión en el dedo
El hostelero Óscar Coca muestra la lesión en el dedo

No fue el único incidente. En una localidad donde la mayoría de la población es mayor, la falta de alumbrado y de suministro eléctrico representa un riesgo añadido. Domi del Estal, de 80 años, relata cómo se levantó con una linterna preocupada por sus hijos, ya que tampoco había cobertura telefónica. Tropezó con una estufa de leña y se quemó la mano. Otro joven del pueblo sufrió una caída por las escaleras durante el corte de luz y tuvo que ser atendido con puntos de sutura.

Hosteleros hartos de reclamar

El malestar es especialmente intenso en el sector hostelero, uno de los pilares económicos del municipio. Javier López, del Asador El Recreo de Sanabria, asegura que los apagones son “muy habituales” y que el cansancio entre los empresarios es generalizado. “Estamos hartos de reclamar. Perdemos género, llamamos a la eléctrica, a los seguros, y siempre hay una excusa”, explica.

Según denuncia, cuando no se atribuye el corte a una supuesta mala climatología —aunque no exista—, aparece cualquier otra causa que exime de responsabilidades a la compañía eléctrica. El resultado es siempre el mismo: las pérdidas las asumen los propios hosteleros. López recuerda que hace dos o tres años se celebró una reunión de alcaldes con Fenosa, donde se prometió que los cortes no volverían a producirse. “Fue una promesa que no se ha cumplido”, subraya.

Restaurante Asador El Recreo de Sanabria
Restaurante Asador El Recreo de Sanabria

Nadie mejor que él para medir el alcance del problema. Su establecimiento cumplirá en junio 50 años, y asegura no haber vivido una situación de apagones tan repetida como la actual.

Cortes sin explicación y un pueblo incomunicado

Desde La Terraza coinciden con Javier López: los cortes de luz no siempre guardan relación con el tiempo y suelen comenzar de forma intermitente hasta desaparecer durante horas, como ocurrió este fin de semana: pequeños apagones durante la tarde y, finalmente, nueve horas consecutivas sin electricidad.

Restaurante la Terraza
Restaurante la Terraza

Cuando se va la luz, San Martín de Castañeda no solo queda a oscuras. También queda incomunicado, sin cobertura telefónica, con vecinos mayores moviéndose a tientas por sus casas y negocios obligados a cerrar o a trabajar en condiciones de riesgo.

El hartazgo es generalizado. Vecinos y hosteleros hablan, denuncian y reclaman, pero la sensación compartida es que nadie les hace caso. Mientras tanto, los apagones se repiten y el sentimiento de abandono crece en un pueblo que se siente, una vez más, al final de la línea.

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