Tradicionalmente se ha considerado el número 7 como un símbolo de plenitud y buena suerte al representar la unión entre lo terrenal (el número 4) y lo divino (el número 3). Este sábado, el Zamora C.F. Iniciaba su séptimo intento de llegar al fútbol profesional después de seis intentos en los que, después de remar siempre a contracorriente, el resultado acabó siendo el mismo.
La ciudad merecía llegar a la élite del balompié español y se volcó con un equipo que desde el primer momento notó el aliento de la grada rojiblanca. Primero en las calles de la ciudad, después con un espectacular recibimiento a las puertas del Ruta de la Plata y por último, durante los 90 minutos.
Para el primer envite de la final por el ascenso, Óscar Cano ponía en liza un once formado por Fermín, Luismi, Erik, Kike Márquez, Carlos Ramos, Diego Moreno, Markel, Damar, Miki Codina, Jaime Sancho y Mario Losada, quien apenas tardó dos minutos en sacarse de la chistera un auténtico golazo para adelantar a los rojiblancos y provocar el delirio en las gradas. Error en la salida de balón del Sabadell que, con la defensa adelantada manda el balón arriba y tras la batalla aérea ganada por el mediocampo rojiblanco Mario Losada gana la espalda de toda la zaga para desde la frontal soltar un derechazo que tras golpear con violencia en el larguero acaba besando la red.
Con la incertidumbre de ver como se repondría del mazazo el conjunto arlequinado el Zamora se fue haciendo con la manija del encuentro dejando la sensación de que los visitantes aún no habían llegado al Ruta de la Plata.
A la salida de un córner y tras una gran incorporación de Sancho por la izquierda pudo el Zamora ampliar la renta antes del 15’ de partido. Sin embargo, esta vez, ambas opciones encontraron buena respuesta de Fuoli.
Poco después, en el 21´ era Losada, un incordio desde el comienzo, el que apunto estaba de poner el segundo tras cuerpear y dejar a Donaldo como si fuera un juvenil. Su disparo, tras pisar área, sale demasiado cruzado.
Tras la pausa de hidratación apenas cambió el guion del encuentro y fue el conjunto de casa el que siguió llevando la batuta y poniendo las ocasiones. Miki Codina, en el 28’ recoge un balón en el balcón del área pero su disparo se marcha ligeramente desviado.
Pasaban los minutos y el orden y la intensidad del conjunto rojiblanco no daba opción a un Sabadell que tampoco perdía la compostura y la cara al encuentro.
De ahí al final de los primeros cuarenta y cinco minutos poco destacable fruto del buen hacer de un Zamora que se mostraba serio atrás con un imperial Erik Ruíz y que, tan solo permitió un disparo a puerta visitante, obra de López pinto, ya en el minuto 48’ y al que respondió de forma brillante un concentrado y colocado Fermín.
El paso por vestuarios no hizo más que elevar la tensión en ambos conjuntos y el partido entró en una dinámica tosca y de interrupciones constantes en la que el Sabadell llegó a pedir la revisión en una acción entre Miguelete y Kike Márquez en la que el colegiado no interpretó más que un lance del juego y ambos jugadores acabaron con cartulina amarilla.
Con el paso de los minutos el Sabadell atesoraba más y más el balón ante un Zamora que bien plantado apenas concedía llegadas con peligro aunque poco a poco iba dando muestras de cansancio y cediendo terreno ante el conjunto arlequinado.
De lado a lado y con calma trataban de construir los de Ferran Costa mientras que en el otro lado del tablero, el Zamora trataba de llegar rápido por las bandas. Especialmente interesante el duelo entre Losada y Bonaldo durante todo el partido.
Óscar Cano daba entrada a Carbonell y Mario Garvía en lugar de Sancho y a Losada con el fin de sumar piernas frescas en ataque y dotar de músculo y presencia al centro del campo para tratar de frenar el impetú cada vez mayor del conjunto catalán.
Pese a que en las áreas no pasaba nada destacable, el partido se había convertido en un toma y daca en el que ninguno de los dos conseguía hacerse con el control del juego y en el que los 8.153 espectadores del feudo rojiblanco estallaron contra la labor de Alejandro Clemente, el colegiado de un encuentro al que estaba perdiendo la cara con numerosas acciones en las que el respetable zamorano acusó de permisivo.
El Ruta era una caldera y lo fue más aún cuando en el 85’ de encuentro el Sabadell reclamó una mano dentro del área del Zamora y que, tras revisión en el monitor, se concedió la acción pero se evidenció que la misma fue fuera del área y no dentro por lo que el conjunto visitante dispusó de un libre directo al que respondió de forma magistral Fermín para evitar el que hubiera sido el tanto del empate.
Los últimos minutos fueron de acoso y derribo para un Zamora que hizo bueno aquello de la bien cercada para resistir y sufrir como saben hacer aquellos que al final acaban tocando la gloria. Solidarios en los esfuerzos y las ayudas, los rojiblancos desbarataron una a una las acciones de un Sabadell que había optado por el juego directo. En una de esas, Fuoli mandó un balón largo para que Ruben, a la media vuelta, estuviera cerca de sorprender y poner el 1-1.
En el 111’ y no sin mucho menos una pizca más de sufrimiento, el partido llegaba a su fin y el Zamora tomaba mínima ventaja y obtenía licencia, por fin, para soñar con el ansiado y deseado ascenso a Segunda División. El fútbol lo merece, la ciudad ya lo es.
CRÓNICA POR DAVID BARRUECO