miércoles. 17.04.2024
Diócesis
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Julián López Martín, obispo emérito de León y natural de Toro, fue el tercer obispo invitado a los actos de preparación a la coronación organizados por la Cofradía de Jesús Nazareno Vulgo Congregación. La misa estuvo cantada por el Coro Sacro Jerónimo Aguado.

 Las primeras palabras del obispo fueron de agradecimiento hacia el obispo de la sede zamorana por su invitación a participar en el quinario previo de la coronación de la Virgen de la Soledad. Este reencuentro para D. Julián fue muy emotivo por todo lo que significa volver a la casa madre. Recordó a los obispos y sacerdotes de Zamora, pidiendo la luz eterna para los fallecidos y la salud y el gozo pastoral de los vivos.  

Monseñor López Martín evocó sus tiempos del seminario san Atilano en los que precisamente estuvo vinculado a la catequesis en la parroquia de san Juan. Allí descubrió a la Virgen de la Soledad y desde entonces ha guardado en su corazón el rostro de aquella madre marcado por el dolor silente.  

“Los zamoranos y los que han participado en la semana santa zamorana con la nobleza austera de esta tierra tenemos en esta singular imagen una de las referencias más amadas y entrañables” afirmó el prelado y añadió que “al contemplarla enlutada y sola, con la mirada y las manos expresa su íntima y personal unión con la pasión redentora del Hijo de Dios hecho hombre”.

Las imágenes, continuó el obispo toresano, “son referencia y alimento de la religiosidad popular”, pero también de la encarnación del Hijo de Dios. Reconoció así mismo que “gracias a la disponibilidad de María pudimos encontrar el camino de la salvación” que trajo su hijo Jesús.

Concluyó su predicación diciendo que la figura de Ramón Álvarez parece dirigirnos a todos las palabras del profeta Jeremías observad y ved si hay dolor como mi dolor. En el delicado rostro de la Virgen, Julián López descubre el modelo más perfecto de aceptación, después del de su Hijo. Invitó a los presentes a contemplar a la Virgen de la Soledad y recordar que el Señor desde la cruz nos entregó a María como madre y a nosotros nos confió a ella como hijos. Por eso podemos estar seguros que su presencia llena de alegría el corazón de los hombres.

Después de la lectura del tercer ejercicio del quinario, realizada por Cristina, una hermana directiva de la cofradía, el delegado episcopal de la coronación, Juan José Carbajo, puso fin al acto con unas palabras pidiéndole a la Virgen que bendijera nuestra Zamora y nos condujera a todos hasta su Hijo, Jesús.

La Soledad, una de las imágenes más amadas y entrañables de Zamora