Zamora ha vuelto a madrugar este sábado para mantener viva una de sus tradiciones religiosas más arraigadas. El Rosario de la Aurora ha celebrado su 60 aniversario, reuniendo a centenares de fieles que participaron en esta manifestación de piedad popular que, desde hace seis décadas, marca el amanecer de la primavera zamorana.
La procesión partió de la Plaza Mayor y recorrió las calles de la ciudad hasta la parroquia de María Auxiliadora, acompañando a la imagen de Nuestra Señora de Fátima. La comitiva estuvo encabezada por una pancarta con el lema «María guardaba todas estas cosas en su corazón», mientras los participantes meditaban los cinco misterios del Rosario, alternando las reflexiones con el rezo y el canto de las avemarías.
El silencio de las primeras horas de la mañana y el recogimiento de los asistentes volvieron a convertir esta cita en uno de los actos religiosos más singulares del calendario zamorano, capaz de congregar a personas de distintas generaciones unidas por la devoción mariana.
La celebración culminó en la parroquia de María Auxiliadora con una eucaristía presidida por el obispo de la Diócesis de Zamora, Fernando Valera, quien agradeció el trabajo de la Comunidad de Cruzados de la Iglesia, organizadora del Rosario de la Aurora, así como de todos los colaboradores que hacen posible esta convocatoria año tras año.
Durante su homilía, el prelado destacó el profundo simbolismo de caminar al amanecer, recordando que la Iglesia es un pueblo peregrino que busca constantemente la luz de Cristo. Asimismo, invitó a los presentes a seguir el ejemplo de la Virgen María, a quien definió como modelo de escucha, servicio y cercanía hacia los demás.
Fernando Valera animó además a los fieles a convertirse en “auroras de esperanza” para quienes atraviesan situaciones de soledad, sufrimiento o exclusión, y apeló a valores como la concordia, el cuidado de los mayores y la atención a las personas más vulnerables.
Uno de los momentos más emotivos de la jornada llegó al finalizar la misa, cuando numerosos asistentes recogieron las rosas que adornaban la imagen de la Virgen de Fátima, una tradición muy apreciada por quienes participan cada año en esta celebración. También volvió a destacar el trabajo de las clarisas de la Laboral, encargadas de preparar el adorno floral de la imagen.
La conmemoración concluyó con el tradicional chocolate con churros en la Residencia Fernando III, un encuentro de convivencia que permitió prolongar el ambiente de fraternidad y oración vivido durante toda la mañana.
Sesenta años después de su primera edición, el Rosario de la Aurora continúa formando parte del patrimonio espiritual y cultural de Zamora, manteniendo viva una tradición que cada primavera reúne a centenares de personas para comenzar el día con la mirada puesta en Cristo de la mano de María.