La provincia de Zamora vuelve a reencontrarse este 30 de abril con una de sus tradiciones más representativas y extendidas en el medio rural, la puesta del mayo, un gran árbol que se alza en las plazas de numerosos municipios coincidiendo con la llegada del mes de mayo.
Durante la noche, cuando el reloj marca la medianoche y comienza el 1 de mayo, los quintos, los jóvenes que cumplen o han cumplido 18 años, protagonizan este ritual popular. La jornada comienza horas o días antes con la tala del árbol, que tradicionalmente se elige y se prepara en grupo, antes de ser trasladado hasta el centro del pueblo.
Con la ayuda de vecinos, cuerdas y maromas, el mayo es elevado y colocado en posición vertical en la plaza principal, en un acto que combina esfuerzo colectivo, participación vecinal y un fuerte componente simbólico ligado al inicio de la primavera.
En muchos municipios de la provincia, esta tradición se mantiene con gran arraigo, aunque en algunos casos se han incorporado medios mecánicos como grúas o maquinaria para facilitar la subida del tronco, especialmente por motivos de seguridad, sin perder el carácter social del acto.
Mas tardes dependiendo del pueblo celebran una gran chocolatada o noche de fiesta, para continuar y disfrutar de esta tradición y del puente del 1 de mayo.
El ritual del mayo sigue siendo una de las celebraciones más extendidas en el entorno rural zamorano, con presencia en cientos de localidades, donde vecinos de todas las edades participan o presencian este momento que marca el calendario festivo local.
Más allá de su componente festivo, esta costumbre refuerza la convivencia intergeneracional y la identidad de los pueblos, consolidándose como una de las tradiciones más reconocibles y vivas de la provincia.