David Gago, recordó que Zamora cuenta con antecedentes de inundaciones relevantes, como la registrada en 1979 en la plaza de San Julián del Mercado. En este contexto, señaló que las áreas más sensibles en la actualidad son Olivares, San Frontis y otras zonas bajas del casco urbano y su entorno agrícola. Gago explicó además, minutos antes de participar en una reunión del CECOPI, que desde el Ayuntamiento se ha reclamado a las administraciones competentes información más precisa y actualizada sobre caudales y desembalses.
Desde el Ayuntamiento se subraya que la actuación municipal se limita a medidas preventivas y de seguridad, siempre en coordinación con las administraciones responsables, ya que no tiene capacidad para modificar los umbrales de desembalse ni para realizar mediciones independientes. En este marco, se procedió al corte temporal del Camino de la Rinconada tras la inundación de accesos y parcelas agrícolas. No se registraron daños graves en viviendas ni afectados personales, gracias a la protección preventiva con sacos y a la retirada anticipada de mobiliario en las zonas más expuestas.
El análisis histórico de caudales pone de relieve cambios significativos en el impacto de las crecidas. En 2013, con un caudal de 1.568 m³/s, el agua no llegó a afectar a las viviendas de la Rinconada; sin embargo, en el episodio actual, con alrededor de 1.200 m³/s, sí se han producido inundaciones en fincas y en la bodega de un restaurante de la zona. Este comportamiento apunta a una posible alteración en la dinámica del río, cuyas causas técnicas están siendo estudiadas junto a la Confederación Hidrográfica y equipos de ingeniería, valorando factores como modificaciones del lecho o sedimentación acumulada.
La colaboración vecinal ha sido clave para minimizar los daños, mientras que los servicios municipales —bomberos y Policía Local— han permanecido operativos para facilitar el drenaje y proteger el patrimonio agrícola y ganadero. El Consistorio recuerda que los ríos son sistemas dinámicos y que la Rinconada actúa como una zona natural de contención, lo que obliga a adaptar la respuesta institucional a cada episodio de crecida.
El descenso del caudal y la ausencia de daños personales o estructurales graves han contribuido a mantener la calma entre la población, en un escenario en el que continúa la coordinación entre administraciones para garantizar la seguridad vial, el desahogo de fincas y la protección de las explotaciones agrícolas ante futuros episodios del Duero.