Diciembre en Zamora: fun fun fun, presupuestos apurados y el eterno agujero

Zamora amanece este 1 de diciembre con la sensación de que el año se va como llegó: sin pedir permiso. 25 días para el fun fun fun —ese estribillo que algunos llevan ensayando desde octubre— y 30 para despedir este 2025 que nos ha regalado más titulares que certezas.
Encendido de las Luces de Navidad, Plaza Mayor
photo_camera Encendido de las Luces de Navidad, Plaza Mayor

Llegamos al último mes, ese en el que todo se acelera: vacaciones que no encajan, sueldos que no llegan, presupuestos que se apuran, promesas que se maquillan. El calendario no perdona y la política menos. Porque este diciembre, queridos lectores, huele a campaña electoral adelantada: 2026 será año de urnas en Castilla y León y hay quien corre para no llegar tarde a la foto con luces.

En Zamora, el teatro está listo, bueno los dos que tenemos, y también el de la otra política la que empezó con el pesebre y ahora ya sabemos a que atenernos. Las luces más brillantes de la historia reciente, plazas convertidas en parques temáticos patrocinados y la sonrisa congelada en la cara de quien tiene que explicar por qué un banco puede hacerse dueño de un espacio público con una plaza de los sueños que parece más bien un sueño financiero. Pero qué importa: los villancicos disimulan las contradicciones.

Y en medio del festival lumínico, la ciudad sigue tratando de cerrar su plan de humanización. Ese proyecto que debía convertir aceras en jardines, bordillos en promesas de accesibilidad y obras en inauguraciones con cinta verde. Aún quedan desbroces, remates, detallecillos. Y queda, sobre todo, una herida abierta: el agujero eterno de Cardenal Cisneros. Ese socavón urbano que tiene más vidas que el Teatro Ramos Carrión y que, atención, se prometió que arrancaba en noviembre. Un gran socavón de unos seis metros de ancho y dos de profundidad, que se abrió en junio de 2025 después de que se completaran las obras de asfaltado.
Pues noviembre se fue. Otro mes que añadir a la lista de “esta vez sí” que tanto gusta repetir desde algunos despachos. Otra que nos han colado, como quien mete un as en la manga mientras mira al cielo para ver si ya han encendido la estrella gigante de la Navidad.

La Zamora bien Cercada sigue en pie. Siempre lo hace. Encarando el mes de villancicos y solidaridades —esas que florecen como setas— aunque durante el resto del año brillen por su ausencia. Diciembre lo justifica todo: las donaciones, las cenas benéficas, los eventos que “hacen ciudad” y las fotos con sonrisas que parecían imposibles hace dos semanas.

Pero hay otra pregunta que no se puede esquivar: ¿qué Navidad será esta del 2025? esperemos que no sea la que volvamos a olvidar que teníamos dos pulmones naturales que la idiotez humana hizo que se tropezara dos veces en la misma piedra y nos la hayan querido colar por segunda vez.
Porque los escaparates brillarán, sí, pero el campo está tosiendo y tenemos a la naturaleza harta.
La peste porcina acecha, la gripe aviar parece irse, los corderos desaparecen como por arte de magia y las vacas arrastran problemas de suministro que no entiende ni quien ordeña.
Y aquí, donde el éxito gastronómico se mide en jamones, destierros a la parrilla y corderos con nombre de tradición, la mesa empieza a torcer el gesto.

Quizás este diciembre sea el del cochinillo elevado a salvador —paradojas del destino—.
O el del pollo congelado en oferta, ese que llega como un superviviente de nevera industrial.
Porque del marisco… olvídense. A menos que lo tengan en el arcón desde julio, congelado como la paciencia de quienes llevan todo un año esperando a que se arregle el puñetero bache de Cisneros.

Diciembre ha llegado. Las luces están encendidas, las sonrisas ensayadas, las urnas calentando.
Zamora, como siempre, resistiendo entre la tradición, la ironía y la resignación.
Y aunque nos vendan la Navidad como sueño —con anagrama bancario incluido—, aquí sabemos que lo que no se arregló en once meses, difícilmente lo salva una guirnalda LED.

Eso si, que no vengan más magos de Oriente o de Murcia, que los queremos de Zamora, y si se apellidan Guarido y Faúndez, pues mejor que mejor, al menos a estos dos se les conoce se sabe por donde van y tienen clara su labor y gestión. Uno de derechas y otro de izquierdas pero que saben donde están los problemas y como atajarlos, o al menos lo intentan, otra cosa es que lo hagan a gusto de todos, que eso nunca...donde va a parar...asumir la derecha lo bien que lo hace la izquierda y al revés...a ver si con esto de la Navidad se les ablanda el corazón...

Que pasen. Que miren. Que sonrían en la foto.
La ciudad les observa… y tomará nota.

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