Pocas calles de Zamora resumen tan bien los cambios del comercio local como la calle Benavente. Discreta en tamaño y al margen de los grandes ejes comerciales, esta vía ha desarrollado a lo largo de los años una capacidad constante de reinvención, con negocios que aparecen, se transforman o desaparecen siguiendo el pulso de la ciudad.
La calle ha sido escenario de nombres que marcaron etapa, como el restaurante La Posada y la Cafetería Valderrey, y de otros que intentaron reinterpretar el espacio con nuevas fórmulas de ocio y gastronomía. Donde antes hubo bares consolidados hoy surgen propuestas que buscan diferenciarse con identidad propia, desde conceptos culinarios especializados hasta estudios de tatuaje que apelan a un público joven y urbano.
En la actualidad, la historia culinaria continúa con locales como El Pinocho y la reciente apertura de La Grisalla, un bar de tapas que ocupa el antiguo restaurante STOP, manteniendo viva la tradición gastronómica de aquel restaurante. Incluso hubo una vinacoteca y una jamonería, reflejo de la diversidad histórica de esta vía zamorana.
Pero la calle Benavente no solo se ha nutrido de gastronomía. A lo largo de los años, ha acogido la peluquería Vogue, una camisería, tiendas de ropa y calzado, una entidad bancaria, la corsetería Moralejo, la librería Mercurio, comercios de lanas y hilos, la tienda de pantalones Winchester, el herbolario Naturhouse e incluso una oficina de Telefónica. Todos estos negocios han dejado historias que todavía recuerdan vecinos y antiguos comerciantes, convirtiendo a la calle en un verdadero espejo de la evolución comercial de Zamora.
Hoy, la vía combina tradición y modernidad. Entre las aperturas más recientes destacan un centro de lavado, una tienda de Compro Oro, un local de manicura que ampliará la oferta de servicios personales, y un estudio de tatuajes, que se suma a la creciente propuesta de estética y arte corporal.
Y sigue sumando novedades. Este 20 de febrero abrirá La Cicatriz Mágica, un local temático orientado al universo friki, con mazmorras, tesoros mágicos, artefactos legendarios y propuestas pensadas para atraer a la comunidad geek, consolidando así la capacidad de esta pequeña vía para reinventarse sin perder su identidad.
Este proceso de transformación continua también habla de la capacidad de adaptación del pequeño comercio. Cada cierre abre la puerta a una nueva iniciativa; cada persiana bajada es sustituida por otra propuesta que intenta captar la atención en un mercado local cada vez más competitivo. En ese ir y venir, la calle Benavente se mantiene viva, aunque su identidad esté en permanente construcción.
En pleno debate sobre la revitalización del comercio tradicional y la ocupación de locales vacíos en el centro de Zamora, esta pequeña vía funciona como laboratorio comercial. En la memoria quedan otros negocios de paso fugaz, testigos de un entorno urbano donde la permanencia es cada vez más excepcional y la capacidad de adaptarse se ha vuelto una condición imprescindible para seguir con la trapa abierta.