Las "cagadas" de Zamora: el problema de las heces de perros en la vía pública

La zona que comunica la Cuesta del Bolón y la calle de La Salud ejemplifica una situación recurrente de falta de civismo y de control municipal
Zona del entorno de La Josa, donde se acumulan las heces de perros
photo_camera Zona del entorno de La Josa, donde se acumulan las heces de perros

No es una cuestión puntual ni un problema aislado. Tampoco una anécdota urbana más. Las heces de perro en las calles de Zamora se han convertido en una de esas incomodidades cotidianas que, por repetidas, acaban normalizándose sin resolverse. Las quejas se acumulan, las denuncias se reiteran y, sin embargo, el paisaje urbano apenas cambia.

Vecinos de distintos barrios coinciden en el diagnóstico: hay zonas donde el problema es persistente y visible a simple vista. Una de ellas se encuentra en el entorno que conecta la cuesta del Bolón y la calle de La Salud, justo enfrente de La Josa, un punto de paso frecuente, donde el dueño de un perro acumula heces sin recoger en días.

Según relatan residentes del área, no se trata de episodios esporádicos ni de descuidos aislados. Hablan de un perro grande, siempre el mismo, y de un propietario que, de forma sistemática, abandona los excrementos en la vía pública. El resultado es una acumulación que se prolonga durante días, sin que nadie la retire y sin que ninguna medida parezca surtir efecto.

La escena se repite: el animal hace sus necesidades, el dueño continúa su camino y el resto de la ciudad aprende a esquivar. A esquivar manchas, olores y la sensación de que el espacio común no lo es tanto. Porque el problema trasciende lo higiénico y entra de lleno en el terreno de la convivencia.

Desde el Ayuntamiento se recuerda que la ordenanza municipal obliga a recoger las heces y prevé sanciones económicas para quienes incumplen la norma. Pero en la práctica, la vigilancia resulta insuficiente y la identificación de los infractores, complicada. Mientras tanto, la carga recae sobre los vecinos, que denuncian y protestan con una situación que consideran injusta y evitable.

No es solo una cuestión de civismo individual, sino de responsabilidad colectiva. Zamora presume de calidad de vida, paseos amables y calles transitables, pero esa imagen se resiente cuando el descuido se hace costumbre y la sanción, excepción.

En esa zona concreta el problema ha dejado de ser invisible. Es una llamada de atención que no habla solo de un perro o de su dueño, sino de una ciudad que todavía no ha encontrado la forma de proteger lo que es de todos.

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