Toro se adentra de lleno en su Semana Santa con el Lunes Santo, una jornada marcada por la sobriedad, la tradición y el recogimiento en torno al Santísimo Cristo del Amparo, una de las devociones más arraigadas de la ciudad.
La tarde arrancaba a las 20:30 horas en la iglesia de Santa María de Arbas con el solemne Miserere, un momento de profunda carga espiritual que prepara el ambiente para lo que está por venir. Un canto que no solo se escucha, se siente, y que en Toro adquiere una dimensión especial.
El Cristo del Amparo toma la noche
A las 21:00 horas, con la ciudad ya en silencio, comenzaba la procesión organizada por la Real Cofradía del Cristo del Amparo. La imagen, atribuida al taller de Juan de Juni, salía a la calle envuelta en ese respeto que solo las grandes devociones generan.
El recorrido llevó al cortejo por San Antón, Nueva, Ratones y Capuchinos hasta alcanzar la Plaza de la Trinidad, uno de los puntos clave de la noche.
La palabra que acompaña al silencio
Allí, en la Plaza de la Trinidad, se rompía momentáneamente el silencio para dar paso a la lectura del manifiesto, este año a cargo de Rocío Gato Mateos, en un acto que refuerza el sentido de comunidad y reflexión que define esta procesión.
Tras este momento, el cortejo continuó por Tablarredonda y la Rúa de Arbas hasta regresar al templo de salida, cerrando un itinerario que combina historia, fe y una estética profundamente castellana.
Capa castellana, tradición y calor de hogar
La cofradía volvió a pedir a los asistentes acudir con ropa oscura y capa castellana, una imagen que ya forma parte del ADN de la Semana Santa toresana.
Y como marca la tradición, la noche no terminó con la recogida. Al finalizar la procesión, cofrades y asistentes compartieron las sopas de ajo, ese gesto sencillo que convierte la solemnidad en convivencia y que recuerda que la Semana Santa también se vive alrededor de la mesa.
Una cofradía con nombre propio
Al frente de la Real Cofradía del Cristo del Amparo, los abades en este 2026 —Félix de la Calle Morillo, Francisco Santa Inés Cenizo, María Fe Rapado Ledesma y Mario de la Calle Martín— han guiado una jornada que vuelve a demostrar que en Toro, cada noche de Semana Santa tiene su propio carácter.
Y el Lunes Santo, sin duda, es el de la sobriedad.
El del silencio que pesa. El de la fe que no necesita palabras.