Donde hace apenas unas horas las llamas avanzaban con fuerza, hoy trabajan sin descanso los equipos de extinción para consolidar un perímetro que costó muchas horas de esfuerzo asegurar.
Con las primeras luces del día regresaban los medios aéreos. Tres helicópteros retomaban las descargas tras realizar una parada de unas dos horas para repostar combustible, mientras las brigadas BRIF y el resto del operativo centraban sus esfuerzos en enfriar los puntos más calientes del incendio.
El perímetro afectado es amplio, aunque la situación evoluciona favorablemente. El trabajo realizado durante la madrugada permitió que, entre las dos y las tres de la mañana, el incendio quedara perimetrado gracias a la coordinación de todos los efectivos y a la colaboración decisiva de los vecinos. Fueron ellos quienes, conocedores del terreno, guiaron a las máquinas por caminos y accesos poco visibles para alcanzar la ladera y el monte junto al pinar, un trabajo que resultó determinante para frenar el avance de las llamas.
Con la luz del día, los habitantes de Rábano de Aliste contemplan ahora la verdadera dimensión del incendio. La imagen del monte ennegrecido deja paso a la desolación, aunque también a la esperanza de que, si las condiciones meteorológicas acompañan, el fuego pueda quedar controlado a lo largo de la jornada.
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La principal preocupación sigue siendo el viento. Su comportamiento cambiante obliga a mantener la máxima vigilancia, ya que cualquier variación podría reactivar focos aún calientes. De momento, los técnicos no prevén una evolución desfavorable, aunque recuerdan que en incendios de estas dimensiones nunca puede bajarse la guardia.
En ningún momento la población llegó a verse directamente amenazada. El intenso trabajo preventivo realizado durante toda la noche permitió mantener el fuego alejado del casco urbano. Así lo destacaba también el presidente de la Diputación de Zamora, Javier Faúndez, que permaneció hasta altas horas de la madrugada sobre el terreno colaborando en la coordinación del operativo y siguiendo de cerca la evolución del incendio.
La calma parece regresar poco a poco a Rábano de Aliste, pero el paisaje deja una herida más en una comarca castigada una y otra vez por el fuego. Aliste vuelve a mirar con tristeza sus montes, consciente de que recuperar lo perdido llevará años, mientras la naturaleza suma una nueva cicatriz a un territorio que no deja de luchar por conservar uno de sus mayores tesoros: sus bosques.