Cuarto y último Vía Crucis de Cuaresma 2026 en la iglesia del Tránsito de Zamora

El acto incluyó la lectura de la palabra y la imposición de medallones a los 21 nuevos hermanos que desfilarán este 2026 por primera vez
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photo_camera Nuevos hermanos antes de la imposición de medallones

La iglesia del Tránsito de Zamora acogió el cuarto y último Vía Crucis de Cuaresma de 2026, que puso el broche final a las actividades cuaresmales organizadas por la cofradía zamorana. La cita reunió a fieles y cofrades en un ambiente de recogimiento y devoción, propio de esta tradición centenaria.

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Fieles en la Iglesia del Tránsito

La ceremonia comenzó con la lectura de la palabra, un momento solemne en el que se reflexionó sobre los pasajes bíblicos que inspiran la Semana Santa y el significado espiritual del Vía Crucis. Posteriormente, se llevó a cabo el acto de imposición de medallones, en el que 21 nuevos hermanos fueron oficialmente incorporados a la cofradía tras superar con éxito el proceso de formación requerido. Este acto simboliza la aceptación y compromiso de los nuevos miembros con los valores y las tradiciones de la hermandad.

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Durante el recorrido del Vía Crucis, los asistentes acompañaron las estaciones con silencio y recogimiento, siguiendo la liturgia y los cantos que han marcado cada viernes de Cuaresma. La combinación de devoción, tradición y participación comunitaria hizo de esta última jornada un momento destacado dentro del calendario religioso de Zamora, reafirmando la continuidad de la fe y la implicación de los cofrades más jóvenes en la vida de la iglesia.

El cierre del Vía Crucis en la iglesia del Tránsito no solo puso fin a los actos cuaresmales, sino que también sirvió para fortalecer los lazos entre los hermanos y renovar el compromiso de la cofradía con la conservación de la tradición religiosa en la ciudad, uniendo generaciones y transmitiendo la devoción a los más jóvenes.

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Coro Sacro Jerónimo Aguado

El sacerdote Manuel San Miguel apela a entender el dolor del mundo desde el mensaje de Jesús

El sacerdote Manuel San Miguel ha reivindicado una lectura social y espiritual del sufrimiento humano, situando el foco en la necesidad de comprender el momento actual, marcado por el dolor y la incertidumbre. En su intervención, ha subrayado que el mundo debe entender qué está ocurriendo y por qué, en un contexto donde el sufrimiento parece haberse normalizado.

Desde esta perspectiva, ha defendido que el mensaje de Jesús no puede limitarse a una interpretación exclusivamente religiosa, sino que debe abordarse como una guía espiritual con implicaciones sociales y humanas. En este sentido, ha señalado que el dolor, tanto individual como colectivo, debe ser reconocido, comprendido y tratado como un paso necesario para poder superarlo.

El religioso ha introducido además una reflexión crítica sobre el sistema actual, aludiendo a la existencia de un “vacío” que afecta tanto a lo emocional como a lo estructural. Frente a esta realidad, ha insistido en la necesidad de buscar nuevas vías para reconstruir el tejido social, alejándose de dinámicas que perpetúan la desigualdad.

Uno de los ejes centrales de su discurso ha sido la importancia de escuchar e integrar todas las voces. Así, ha apelado a la participación de mujeres, niños, profesionales sanitarios e incluso militares, con el objetivo de construir una respuesta colectiva a los desafíos actuales.

La justicia ha emergido como un concepto clave en su intervención, entendida no como una idea abstracta, sino como una responsabilidad compartida que debe implicar al conjunto de la sociedad, especialmente a quienes sufren las consecuencias de un sistema que no siempre responde a las necesidades reales.

De este modo, Manuel San Miguel ha articulado un mensaje que conecta espiritualidad y compromiso social, planteando el reconocimiento del dolor como punto de partida para avanzar hacia una sociedad más cohesionada, consciente y justa.

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