viernes 21/1/22

Nos quedamos sin caperuces rojos ni clarines. Sin pebeteros ni incienso. No tuvimos caballos abriendo la procesión ni la bomba de la Catedral. No hubo juramento ni plegaria. Nos quedamos sin el Señor de Zamora y sólo nos quedó el Silencio.

Silencio en todas las calles de Zamora. Silencio desde primera hora de la mañana hasta última hora de la noche. El Miércoles Santo sólo nos quedo el Silencio y un Santísimo Cristo de las Injurias que, por primera vez en casi un siglo, no salió de su capilla.

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Zamora se llenó de plegarias anónimas al Santísimo por todos los hermanos y seres queridos. Zamora se llenó de oraciones por los que se han marchado sin hacer apenas ruido, en silencio. Y San Salvador no se tiñó de rojo.

Y sin embargo, aquí nos tienes, Señor de Zamora, arrodillados ante tí todos nosotros, los injuriados, como cada Miércoles Santo, un poco más lejos pero igual de cerca. 

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Sólo nos quedó el Silencio
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