VÍDEO I Zamora se funde con el Miserere: siete minutos que estremecen un año entero

A las 18.00 horas, Zamora volvió a mimetizarse con su cántico por excelencia. No hubo necesidad de anuncio solemne. Bastó el primer acorde del Miserere para que la ciudad entendiera que la espera ya es rito
primer ensayo del miserere
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La adaptación del maestro Manzano ha permanecido viva gracias a los más de 200 hermanos de la Hermandad de Jesús Yacente, que año tras año sostienen una tradición que eriza el vello incluso antes de que llegue la procesión. Bajo la dirección de Pablo Durán, las voces se alinean, se afinan y se funden hasta convertir poco más de siete minutos en una experiencia colectiva que trasciende lo musical.

San Vicente, acústica distinta, emoción intacta

Este 2026, el primer ensayo tuvo como escenario la Iglesia de San Vicente, un templo cuya acústica se asocia más al recogimiento del Jerusalem o al sobrecogedor Cristus Factus Est. Sin embargo, también allí encontró su sitio el Miserere Mei Deus.

La sonoridad cambia según el espacio. En la Plaza de Viriato o en la Plaza de la Catedral, el canto se abre al cielo, se expande y se convierte en eco urbano. En el interior de San Vicente, en cambio, se concentra, se hace más íntimo, más profundo.

Pero la esencia permanece.

El rito de la espera

El Miserere no es solo una pieza musical. Es el anuncio de que la Semana Santa está a la vuelta de la esquina. Es el ensayo que no suena a ensayo. Es la espera que ya es celebración contenida.

Los hermanos afinan las voces con precisión casi litúrgica. No hay improvisación, pero sí emoción. No hay escenario formal, pero sí solemnidad.

Lo escuchamos una vez más. Y otra. Y no cansa. Siete minutos que resumen siglos de tradición. Siete minutos que hacen que Zamora vuelva a brillar y vibrar como solo ella sabe hacerlo cuando la Pasión se aproxima.

La ciudad ya no disimula. La Semana Santa está aquí.

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