Hay personas que llegan a un pueblo buscando una casa y terminan encontrando un lugar en el mundo. Miriam Avecilla llegó hace tres años a Venialbo casi por casualidad y fue el barro quien acabó convenciéndola de quedarse.
Ni siquiera conocía el pequeño municipio zamorano cuando decidió instalarse allí. Pero poco a poco comenzaron a aparecer señales que parecían encajar demasiado bien: barreros de los que extraer arcilla, una feria de cerámica, otros artesanos con los que compartir conocimientos y una comunidad dispuesta a abrirle las puertas.
El barro, dice Miriam, tiene una curiosa manera de tomar decisiones antes que ella.
Y esta vez la está llevando mucho más lejos. En septiembre regresará a la Amazonía peruana, donde permanecerá varios meses para continuar aprendiendo de las comunidades que mantienen viva la cerámica ancestral amazónica. No viaja para alejarse de Zamora. Todo lo contrario: viaja para aprender y volver.
Una ceramista que encontró su lugar en Venialbo
Miriam es sevillana, licenciada en Bellas Artes y formada también en Psicoterapia Humanista Integrativa, Gestalt y Bioenergética. En su proyecto profesional ha conseguido unir mundos que, a primera vista, podrían parecer alejados: arte, cerámica y acompañamiento a las personas.
Para ella, trabajar con barro es mucho más que fabricar una pieza.
Es una forma de volver a lo esencial, comprender la vida, generar comunidad y mantener una conexión con las raíces.
Por eso su llegada a Venialbo terminó convirtiéndose en algo más que un cambio de residencia. El pueblo se convirtió en el lugar desde el que seguir desarrollando un proyecto que mira al territorio y a las personas que lo habitan.
En una provincia acostumbrada a escuchar hablar de la España vaciada, Miriam prefiere fijarse en lo que todavía permanece lleno de vida: los oficios, los artesanos, los productores, las tradiciones y las personas que continúan manteniendo una relación directa con su territorio.
Forma parte de la Asociación de Arte y Artesanía de Zamora, donde ha encontrado una comunidad de profesionales que comparten una manera de entender los oficios basada en la colaboración y el respeto.
Y esa filosofía ha terminado trasladándose también a Venialbo.
Cuando un taller de cerámica acaba mostrando un pueblo entero
Las formaciones y encuentros organizados por Miriam han conseguido llevar hasta este pequeño municipio zamorano a personas procedentes de distintos puntos de España e incluso de otros países europeos.
Llegan para aprender cerámica.
Pero terminan descubriendo mucho más.
Durante esos encuentros conocen a quienes elaboran queso, miel o vino, visitan bodegas, comen en los bares del pueblo y conversan con quienes mantienen en funcionamiento la comarca.
Porque para Miriam aprender un oficio también significa conocer el lugar donde ese oficio se desarrolla.
No se trata simplemente de atraer visitantes durante unos días. Su apuesta busca generar encuentros y demostrar que la cultura y la artesanía pueden convertirse en una forma de dar vida al medio rural sin despojarlo de su identidad.
Y quizá ahí esté una de las claves de su proyecto: no convertir Venialbo en un escenario para visitantes, sino conseguir que quienes llegan puedan acercarse durante unos días a la vida real del pueblo.
El viaje que empezó en Zamora y continúa en la Amazonía
La relación de Miriam con la cerámica amazónica viene de años atrás. En sus viajes a Perú ha ido acercándose a una tradición que fuera de Latinoamérica resulta mucho menos conocida que la cerámica andina, pero que conserva un profundo conocimiento de la relación entre la tierra, la naturaleza y las personas.
En ese aprendizaje ha sido fundamental Juanita Bartra, ceramista e investigadora de 87 años, autora de trabajos dedicados a las técnicas y a la iconografía de la cerámica ancestral amazónica.
A través de ella, Miriam ha podido conocer a maestros y maestras de diferentes comunidades nativas y acercarse a unos conocimientos que difícilmente pueden aprenderse únicamente en un libro.
Hay técnicas que se observan. Otras se aprenden trabajando. Y algunas solo aparecen después de convivir.
Por eso su próximo viaje tendrá una duración aproximada de seis meses. Quiere escuchar, observar, trabajar y comprender mejor la relación que estas comunidades mantienen con la tierra y con los materiales que utilizan.
Del barro amazónico a Venialbo
El intercambio ya ha comenzado a funcionar en los dos sentidos.
De esa conexión nació ‘El origen del hacer’, un proyecto que Miriam impulsa junto a la artista y ceramista argentina Laura Galeotti, creadora de Huellas en el Barro.
El pasado año fueron grandes ceramistas argentinos quienes viajaron hasta Venialbo para compartir sus conocimientos y ofrecer formaciones.
Ahora será Miriam quien cruce el Atlántico.
Y después de Perú llegará Argentina, donde volverá a encontrarse con Laura Galeotti para continuar desarrollando ese intercambio entre artistas, artesanos y personas interesadas en los oficios tradicionales.
Una Amazonía que también podrá conocer un pequeño grupo
La estancia que comenzará en septiembre tendrá además una parte abierta a otras personas.
Entre el 17 y el 30 de septiembre, un grupo reducido podrá acompañar a Miriam durante una parte de su experiencia en la Amazonía peruana.
No será un viaje turístico convencional.
La propuesta se plantea como una inmersión cultural y humana a través de la artesanía, la naturaleza y los saberes ancestrales, siempre desde el respeto hacia las comunidades que mantienen vivos esos conocimientos.
Para Miriam es importante que esa diferencia quede clara. No se trata de llegar a un territorio para consumir una experiencia exótica, sino de acercarse, escuchar y aprender de quienes llevan generaciones conservando una forma de entender la tierra.
Viajar para volver
Miriam sabe que dentro de unos meses regresará a Zamora con nuevas técnicas, nuevas historias y probablemente nuevas preguntas.
Volverá a Venialbo.
Volverá a sus talleres.
Volverá al barro.
Y todo lo aprendido en la Amazonía acabará formando parte de nuevos encuentros y nuevas formas de compartir la artesanía.
Porque su viaje no nace de las ganas de marcharse de Zamora. Nace precisamente de haber encontrado aquí un lugar al que regresar.
Venialbo se ha convertido en su punto de partida y también en su punto de retorno. Desde un pequeño pueblo de Zamora, su trabajo está construyendo conexiones que pasan por Perú, Argentina y otros lugares donde todavía sobreviven conocimientos transmitidos de generación en generación.
Quizá por eso Miriam sigue hablando del barro como una brújula.
Un material que nace de la tierra, cruza océanos en las manos de quienes quieren aprender y termina regresando al mismo lugar para seguir contando historias.
Desde Venialbo, el camino de Miriam no se aleja de Zamora.
La hace viajar mucho más lejos.