Hay quienes hablan de volver al pueblo. Y hay quienes vuelven.
Sin discursos, sin grandes planes estratégicos y sin esperar a que nadie venga a salvar el territorio. Simplemente tomando una decisión que, hoy, en buena parte de la provincia de Zamora, tiene mucho de valentía: quedarse, trabajar y construir un futuro en casa.
Este sábado, 8 de agosto, Muelas de los Caballeros estrenará una nueva tienda de miel artesanal impulsada por Balín Domínguez Bordel y su hija, Aroa Domínguez Gómez.
Una pequeña empresa familiar que encierra detrás una historia mucho más grande que un simple negocio. Es una historia de regreso, de raíces y de relevo generacional.
Y también de resistencia rural.
Balín dejó la ciudad para vivir de las abejas
Balín Domínguez Bordel decidió dejar su trabajo en la ciudad para dedicarse exclusivamente a la apicultura.
No eligió precisamente el camino sencillo.
Eligió las colmenas, la montaña, los inviernos duros y una actividad donde prácticamente todo depende de aquello que el ser humano nunca consigue controlar del todo: el clima, la floración, las lluvias y la naturaleza. Pero también eligió algo mucho más importante.
Eligió vivir donde quería vivir.
La familia representa ya la quinta generación de apicultores, profundamente vinculada a Muelas de los Caballeros y a esta zona de La Carballeda.
Sus colmenas se distribuyen por la Sierra de Velilla, en lugares elevados y alejados de la actividad humana, entre robles centenarios, caminos pedregosos y brezos silvestres.
Ahí nace buena parte de la personalidad de su miel.
Y Aroa hizo el camino que demasiadas veces creemos imposible
Pero quizá la historia de Aroa Domínguez Gómez explica todavía mejor lo que significa esta iniciativa.
Terminó sus estudios y, frente al camino tantas veces asumido como inevitable para los jóvenes del mundo rural —hacer la maleta y marcharse—, tomó la decisión contraria.
Volvió al pueblo.
Y lo hizo para ejercer una doble profesión que dice mucho de su forma de entender el territorio: apicultora y bombera forestal.
Dos trabajos diferentes y, al mismo tiempo, profundamente unidos.
Uno ayuda a producir desde la naturaleza.
El otro trata de protegerla cuando las llamas amenazan con destruirla.
En una provincia que vuelve a vivir un verano durísimo por los incendios forestales, cuesta encontrar una metáfora mejor del compromiso con la tierra.
Una tienda que abre después del fuego
La inauguración llega además en un momento especialmente significativo.
Zamora acaba de atravesar semanas muy complicadas por los incendios.
Hemos hablado de pueblos evacuados, montes arrasados, explotaciones afectadas, agricultores, ganaderos y empresarios rurales preguntándose qué ocurrirá mañana.
Por eso, que en mitad de esta situación alguien abra una puerta tiene un valor especial.
Literalmente.
La pequeña tienda de Miel Balín abrirá sus puertas este sábado en Muelas de los Caballeros bajo un lema que prácticamente resume toda esta historia:
“Miel con sabor a memoria”
Y quizá ahí esté la clave.
Porque recuperar el mundo rural no consiste solamente en conservar recuerdos.
Consiste en conseguir que esos recuerdos tengan continuidad.
Que el conocimiento de un padre llegue a una hija.
Que cinco generaciones de apicultura puedan convertirse en seis.
Que una casa cerrada vuelva a abrirse.
Que detrás de una persiana aparezca un negocio.
Y que donde las estadísticas hablan continuamente de despoblación aparezca alguien dispuesto a quedarse.
Una miel hecha como antes
La filosofía de trabajo de Balín apuesta de forma decidida por la producción tradicional.
Utilizan abeja autóctona ibérica negra, especialmente adaptada a las duras condiciones de la sierra y a sus prolongados inviernos.
La extracción de la miel se realiza de manera manual, cuadro por cuadro y con cuchillo, antes de pasar por un proceso de maduración en recipientes de acero.
La apuesta es clara: producir menos si es necesario, pero preservar la calidad del producto.
Su miel es fundamentalmente miel de brezo, oscura, densa y de sabor intenso, con aromas que recuerdan al entorno de montaña donde trabajan las abejas.
Además, se comercializa como miel cruda y sin procesar, manteniendo el producto lo más próximo posible a la forma tradicional en la que ha sido consumido durante generaciones.
Producción local no significa solamente comprar local
Hablamos muchas veces del consumo de proximidad.
Pero conviene recordar qué significa realmente.
Cuando alguien compra un bote de miel producido en Muelas de los Caballeros no compra únicamente miel.
Está ayudando a mantener colmenas.
Está ayudando a conservar una actividad económica.
Está permitiendo que una familia siga trabajando en el territorio.
Está contribuyendo a que exista movimiento económico en un pequeño municipio.
Y, sobre todo, está demostrando que producir desde un pueblo continúa teniendo sentido.
El comercio rural funciona precisamente así. Cada pequeño negocio cuenta mucho más de lo que parece. Porque cuando desaparece una tienda de un pueblo no cierra únicamente una tienda.
Desaparece actividad. Y cuando abre una, ocurre justamente lo contrario.
El verdadero reto de Zamora: conseguir que volver sea posible
Durante décadas hemos asistido a una paradoja.
Pedimos a nuestros jóvenes que permanezcan en los pueblos mientras prácticamente todo el sistema económico, educativo y administrativo les empuja a marcharse.
Por eso el relevo generacional no puede consistir solamente en fotografías institucionales y campañas hablando de reto demográfico.
Necesita proyectos reales.
Necesita caminos transitables, internet, servicios, vivienda, ayudas accesibles y condiciones para emprender sin convertir cada iniciativa en una carrera de obstáculos burocráticos.
Porque jóvenes con ganas de quedarse existen.
Aroa es un ejemplo.
Y personas capaces de cambiar completamente de vida para regresar también.
Balín es otro.
Lo complicado es conseguir que su decisión sea viable.
Muelas de los Caballeros demuestra que todavía hay futuro
Este sábado habrá una inauguración en Muelas de los Caballeros. Y podrán ver también el bosque del Fenal, y el encanto de una población que es para disfrutarla y quedarse.
Probablemente no será uno de esos acontecimientos que aparecen en las grandes estadísticas económicas.
Pero quizá debería.
Porque cada negocio que abre en uno de nuestros pueblos es una pequeña victoria contra la despoblación. Cada relevo generacional es una esperanza. Cada producto que lleva el nombre de Zamora fuera de nuestras fronteras construye territorio. Y cada joven que decide quedarse demuestra que nuestros pueblos no están condenados a convertirse únicamente en lugares donde regresar en agosto.
Balín y Aroa han elegido quedarse.
Cinco generaciones de apicultura les contemplan. Ahora toca que nosotros también miremos hacia ellos.
Porque después de tanto fuego, tanta pérdida y tantas noticias difíciles, que una puerta vuelva a abrirse en un pueblo de Zamora también es noticia.
Y de las buenas.