Adela Sadia Méndez ha cumplido 107 años, una cifra al alcance de muy pocas personas y que convierte a esta vecina nacida en Moraleja del Vino en todo un ejemplo de longevidad y vitalidad. A su edad, Adela todavía conserva dos de las grandes pasiones que han marcado su vida: la costura y la lectura, aficiones que, según su familia, ha practicado siempre con entusiasmo.
Nacida en 1919, Adela contrajo matrimonio con otro zamorano, Atanasio, con quien inició una nueva etapa fuera de su pueblo natal. Recién casados se trasladaron a Sevilla, donde nacieron algunos de sus hijos, y posteriormente fijaron su residencia en Bilbao, ciudad en la que han desarrollado la mayor parte de su vida familiar y donde criaron a sus cinco hijos.
A pesar de la distancia, el vínculo con Moraleja del Vino nunca se rompió. Durante muchos años, Adela regresó con frecuencia al pueblo para visitar a su madre y al resto de la familia, pasando largas temporadas, especialmente en verano. Con el paso del tiempo y debido a la edad, esos viajes se fueron espaciando, aunque el recuerdo y el cariño por su tierra natal siempre han permanecido intactos.
Su sobrino, Manuel Sadia, destaca el privilegio que supone compartir tiempo con ella: “Mi tía está muy bien para la edad que tiene. Habla contigo, te pregunta por las cosas de la vida. Es verdad que tiene alguna lagunilla, pero con 107 años es algo completamente normal”.
Adela dedicó gran parte de su vida a coser, una habilidad que convirtió casi en un arte. Además, ha sido una gran lectora; de hecho, en una reciente entrevista realizada en Bilbao, ella misma aseguró entre risas que ha leído “más de una biblioteca entera”.
El cumpleaños fue celebrado recientemente en una residencia, en un acto especial compartido con otras personas centenarias, un homenaje sencillo pero emotivo a una mujer cuya vida es reflejo de varias generaciones de historia, esfuerzo y arraigo familiar. Un cumpleaños excepcional para una vecina de Moraleja del Vino que sigue siendo ejemplo de lucidez y amor por las pequeñas cosas.