lunes. 27.06.2022

Violencia sexual en Ucrania: la punta del iceberg

La atención a las mujeres refugiadas que han sido víctimas de violencia sexual es muy deficiente en los países de acogida por falta de protocolos, recursos y legislación adecuada
Mujeres y niños de Ucrania atraviesan un punto fronterizo con Polonia el pasado marzo (Alianza por la Solidaridad-ActionAid)
Mujeres y niños de Ucrania atraviesan un punto fronterizo con Polonia el pasado marzo (Alianza por la Solidaridad-ActionAid)
La violencia de género, incluida la violencia sexual, es un arma de guerra de uso generalizado, aunque permanezca invisibilizado. En el caso de Ucrania, la ONU ya ha registrado 124 denuncias de violencia sexual. Pero esto es solo la punta del iceberg, ya que muchas mujeres tienen miedo de denunciar. La impunidad y la revictimización podrían ser las principales razones del subregistro de casos. La violación, el embarazo no deseado, la trata de personas y otros abusos sexuales se convierten en una táctica de control y humillación para las víctimas de las guerras, y también en un instrumento para minar la moral del adversario. Sin embargo, para las mujeres y las niñas, se convierte en una cicatriz que puede ser invisible, pero que queda incrustada en sus mentes y determina su personalidad y su recuperación después del conflicto.

Alianza por la Solidaridad-ActionAid, que actualmente trabaja en la respuesta a la guerra de Ucrania, subraya la necesidad de proporcionar la asistencia y el acompañamiento necesarios a las supervivientes de violencia de género, incluida la violencia sexual, tanto dentro de Ucrania como en los países donde buscan refugio. Sobre el terreno, la ONG ha podido constatar que, en muchos casos, los servicios públicos en esos países no garantizan cuidados esenciales, como la gestión clínica de la violación, por varias razones: falta de medios y de protocolos adecuados, falta de habilidades y conocimientos o, como en el caso de Polonia, políticas muy restrictivas en cuanto a los derechos sexuales y reproductivos de mujeres y niñas, lo que supone un serio obstáculo para las víctimas. De hecho, la prohibición del aborto en este país, ha provocado que mujeres refugiadas se vieran obligadas a regresar a Ucrania para que se lo practicaran, antes de volver a huir de la guerra.

Los protocolos de referencia para las supervivientes siguen teniendo muchas deficiencias en países vecinos de Ucrania. En el caso de la Gestión Clínica de la Violación (CMR), uno de los primeros pasos es proporcionar a la persona que han sufrido violencia sexual profilaxis posexposición (PEP) en las siguientes 72 horas. El protocolo recomienda administrar antirretrovirales y antibióticos, con el objetivo de evitar enfermedades de transmisión sexual y otras infecciones, y anticonceptivos. Sin embargo, los llamados PEP kits no están disponibles de manera generalizada y tampoco se garantiza una atención médica especializada en los países de acogida, incluido el examen forense y el enfoque centrado en la superviviente.

En Ucrania, también es difícil encontrar centros donde se realice la gestión clínica de la violación debido a la falta de medios. A esto se suma que muchas mujeres priorizan otras necesidades y las de otras personas, como dependientes a su cargo, a las suyas propias.

“La vergüenza y el miedo hacen que un gran número de casos queden invisibilizados y sin denunciar. Esta situación se agrava si las víctimas no disponen de recursos ni información sobre los servicios disponibles. Experiencias previas con los proveedores de servicios que hayan sido desagradables también juegan un papel importante”, dice Atria Mier, especialista en género y coordinadora de humanitaria de Alianza-ActionAid para Moldavia y Ucrania.

Según la ONG, es necesario que el personal de las organizaciones y los agentes en fronteras sepan atender a quien pueda haber sufrido violencia sexual y/o violencia de género y sepan derivarla a los servicios adecuados. En este sentido, Alianza-ActionAid aboga por enfoques centrados en las supervivientes, en las que ellas decidan por sí mismas y se preserven la confidencialidad, la seguridad y la dignidad. Invertir en el desarrollo de capacidades del personal que está en primera línea es clave durante la respuesta y el proceso de recuperación.

Además, la Trata de Personas (TiP) en situaciones de conflicto, también considerada como violencia sexual, es un grave riesgo en este conflicto, especialmente para mujeres, niñas y los más marginados, y era un delito ya generalizado en la región antes de la guerra. Por eso, es fundamental asegurar las rutas por las que se mueven y contar con expertos que conozcan el funcionamiento de las mafias en países como Rumanía. De ahí se estima que proceden el 60% de las víctimas de trata en la Unión Europea, según un informe del GRETA (Grupo de Expertos del Consejo de Europa contra la Trata de Seres Humanos).

Alianza-ActionAid trabaja con organizaciones feministas y lideradas por mujeres para responder a la emergencia en Polonia, Rumanía, Moldavia y Ucrania. Parte de las acciones se centra en reforzar el liderazgo de las mujeres en la toma de decisiones y garantizar la atención a mujeres, niñas y personas LGTBIAQ+ que han sufrido violencia sexual y de género a través de servicios multisectoriales (salud, apoyo psicosocial, asistencia legal, transferencia de efectivo) en su propio idioma. Estas organizaciones también proporcionan espacios seguros y líneas telefónicas las 24 horas.

Igualmente, Alianza-ActionAid apoya y comparte las demandas de estas organizaciones para establecer de manera urgente mecanismos de prevención, atención y recuperación para mujeres y niñas, de una forma culturalmente adecuada y con un enfoque centrado en la persona que ayude a las víctimas a convertirse en supervivientes.
 

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