Musk contra Sánchez: cuando el poder digital se siente amenazado

La escalada verbal de Elon Musk contra el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, no es un exabrupto aislado ni una salida de tono propia de las redes sociales. Es el síntoma de algo mucho más profundo: el choque frontal entre el poder democrático y el poder digital sin control.
Musk versus Sánchez
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Desde su red X, Musk ha dedicado insultos personales al jefe del Ejecutivo español tras el anuncio de que España prohibirá el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años y endurecerá el control sobre los algoritmos. No es una casualidad. Es una reacción defensiva. Y, sobre todo, reveladora.

X y Grok, bajo la lupa europea

Mientras Musk dispara contra Sánchez, X y su inteligencia artificial Grok están bajo investigación en la Unión Europea ante la sospecha de manipulación algorítmica, amplificación de contenidos extremos y posibles interferencias en procesos electorales. En Francia, el cerco judicial se estrecha y el magnate ya no está tan lejos del banquillo como le gustaría aparentar.

Las acusaciones no son menores: desde difusión sistemática de desinformación, hasta publicaciones de contenido pornográfico accesible a menores, pasando por un uso de los algoritmos que favorece determinadas corrientes ideológicas. Entre ellas, la ultraderecha, que ha encontrado en X un altavoz privilegiado desde la llegada de Musk.

Del insulto a la amenaza velada

Que uno de los hombres más poderosos del planeta utilice su plataforma para desacreditar, insultar y señalar a un presidente elegido democráticamente no es libertad de expresión: es abuso de poder. Más aún cuando quien lanza esas acusaciones ha protagonizado gestos públicos de inspiración nazi y ahora se permite llamar “tirano” a quien ha mantenido siempre un tono institucional y respetuoso, incluso frente al ataque personal.

No es Sánchez el problema. El problema es el límite. El límite que los Estados empiezan a poner a plataformas que se creyeron intocables. El límite que protege a los menores. El límite que dice que los algoritmos también deben rendir cuentas.

El miedo a perder el control

X pierde usuarios, pierde credibilidad y pierde influencia en Europa. Y Musk lo sabe. De ahí la sobreactuación, el insulto fácil y la provocación constante. Cuando el negocio peligra y la regulación avanza, el discurso se radicaliza.

España ha dado un paso que otros países seguirán. Y por primera vez en años, el poder digital no marca solo las reglas del juego. Eso explica la virulencia del ataque. Y también corrobora que todo lo que llega de USA a través de Trump p Musk es una verdadera falacia, adelante y atrás sin rumbo y con la prepotencia yanki imperando siempre. Triste es ver Mineápolis, y decenas de ciudades donde impera el miedo y el matón del ICE, la guardia pretoriana de Trump y amiga de Musk

Democracia frente a plutocracia digital

Este no es un pulso personal entre Musk y Sánchez. Es un choque de modelos:
– El de quienes creen que la tecnología debe servir al interés general.
– Y el de quienes piensan que su fortuna y sus plataformas les colocan por encima de la ley.

Que Musk insulte al presidente del Gobierno español no debilita a Sánchez. Retrata a Musk. Y confirma que la regulación de las redes sociales ya no es una opción ideológica, sino una necesidad democrática.

Porque cuando los algoritmos votan, la democracia pierde. Y eso, Europa —y España— han decidido no aceptarlo más.

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