Con alguno hemos hablado ....
La situación en Cuba vuelve a situarse en el foco internacional, y en esa crisis hay también nombres y apellidos zamoranos. Descendientes de emigrantes, familias con vínculos históricos con la provincia y españoles que siguen residiendo en la isla afrontan una realidad marcada por la escasez, la inflación y las dificultades para acceder a productos básicos.
El endurecimiento de las sanciones estadounidenses en los últimos años, junto a la crisis económica interna del país, ha dejado a miles de ciudadanos en una situación extremadamente precaria. Entre ellos, miembros de la comunidad española y zamorana, cuya situación preocupa a familiares y asociaciones.
La diáspora zamorana que sigue resistiendo en la isla
La emigración zamorana hacia Cuba fue intensa durante décadas. Hoy, esa huella permanece en forma de familias, descendientes y comunidades vinculadas a la provincia.
Muchos de ellos dependen de ayudas familiares, de asociaciones españolas o de pequeñas redes de solidaridad para cubrir necesidades básicas. Las dificultades para acceder a alimentos, medicamentos o productos de primera necesidad se han agravado con el deterioro económico general del país.
Desde el entorno de la comunidad zamorana se apunta a que la ayuda informal sigue siendo clave. Remesas familiares, envíos desde España y aportaciones puntuales de asociaciones mantienen a muchas familias en pie.
La Casa de Zamora en Cuba, pendiente de pronunciarse
Hasta el momento, la Casa de Zamora en Cuba no ha emitido un posicionamiento público sobre la situación actual. Sin embargo, distintas fuentes señalan que existe movimiento interno y que se están canalizando ayudas discretas desde instituciones y particulares.
El silencio oficial contrasta con la preocupación creciente entre familiares en España, que reclaman una respuesta más visible y coordinada para apoyar a los españoles que permanecen en la isla.
Ayuda internacional… pero insuficiente
En las últimas semanas, varios envíos humanitarios procedentes de México han llegado a Cuba con alimentos y suministros básicos. Estos cargamentos evidencian que la comunidad internacional empieza a reaccionar ante una situación que, según múltiples testimonios, continúa deteriorándose.
Sin embargo, la ayuda sigue siendo puntual y limitada frente a la magnitud del problema.
¿Debe intervenir la ONU?
La crisis cubana vuelve a plantear un debate incómodo: hasta qué punto la situación humanitaria debería motivar una intervención directa de organismos internacionales.
Quienes defienden esa posibilidad argumentan que cuando una población tiene dificultades graves para acceder a alimentos, medicamentos o servicios básicos, la respuesta internacional no puede limitarse a declaraciones diplomáticas.
Otros recuerdan que el caso cubano es complejo, con factores internos y externos entrelazados, y que cualquier intervención exige consenso político internacional.
España y sus ciudadanos en la isla
El caso de los españoles residentes en Cuba abre además una cuestión directa para el Gobierno de España: qué mecanismos existen para proteger a sus nacionales cuando atraviesan situaciones de emergencia prolongada.
Familiares en Zamora y en otros puntos del país reclaman una estrategia más clara, tanto en apoyo humanitario como en asistencia consular.
Una crisis que también nos toca
Cuba no es un país lejano para Zamora.
Es parte de su historia migratoria, de sus raíces familiares y de su memoria colectiva.
Por eso, cuando la crisis golpea a la isla, también golpea a quienes aquí mantienen vínculos con ella.
Y la pregunta que muchos se hacen es sencilla: si sabemos que hay españoles pasando dificultades, ¿a qué estamos esperando para actuar con mayor decisión?
Cuba no es un país cualquiera para España.
No es un conflicto lejano ni una crisis ajena. Es parte de nuestra historia, de nuestra emigración, de nuestra memoria colectiva.
España ha demostrado en los últimos años que sabe reaccionar ante crisis humanitarias. Se han movilizado recursos para Ucrania, se han activado programas para refugiados sirios, se han enviado ayudas a Gaza, se han impulsado misiones en el Sáhara y en decenas de países donde la necesidad apremiaba.
Pero cuando la crisis golpea a Cuba, el silencio parece más cómodo que la acción.
La pregunta no es si debemos ayudar.
La pregunta es por qué no lo estamos haciendo con la misma determinación.
Porque cuando hay españoles en dificultades, cuando hay descendientes de nuestra propia historia pasando necesidad, la solidaridad no debería depender del mapa político ni del relato internacional del momento.
Cuba no es solo un problema diplomático.
Es también una responsabilidad moral.
Y quizá haya llegado el momento de que España, y también las instituciones locales y provinciales, decidan si van a seguir mirando hacia otro lado… o si van a actuar como lo han hecho en tantas otras crisis del mundo.