jueves 2/12/21

Atlético Zamora: el legado del "morenete" ahora en manos de sus hijos

Cuando se cumple un año del fallecimiento del entrenador del club zamorano, Antonio Fernández Carbajo, su primogénito toma el relevo para que "no se pierda toda una vida dedicada al fútbol"

 

Antonio Fernández Carbajo

Tomás Fernández, presidente del Atlético Zamora
Tomás Fernández, presidente del Atlético Zamora

Cuando se cumple un año de la muerte del "eterno" presidente del Atlético Zamora, Antonio Fernández Carbajo, su hijo Tomás Fernández toma el relevo de un equipo que nació en 1944 gracias al empeño de un grupo de bilbaínos que llegaron a la capital para trabajar.

Aquellos hombres querían dejar huella de su tierra en la ciudad en la que les tocó vivir por trabajo y crearon un equipo a "imagen y semejanza" del Athletic Club. Le llamaron Club Atlético Zamora y "copiaron" la equipación (camiseta rojiblanca, pantalón y medias negros) y el escudo, aunque el de Zamora lleva el emblema del castillo y el brazo con la bandera zamorana.

Ahogado por las deudas, el equipo de Tercera División que jugaba en los antiguos campos de Pantoja desaparece en 1964 hasta que, ocho años después, en un viaje a Valladolid con abogado incluido Antonio Fernández Carbajo lo refunda, tras abandonar su tarea como entrenador de las secciones inferiores del Zamora Club de Fútbol. 

Desde ese momento, Antonio Fernández lo fue todo para el club: entrenador, utillero, publicista, educador.... Toda una vida dedicada a un equipo por el que han pasado generaciones de jóvenes y adolescentes que han jugado a las órdenes de un entrenador duro, pero siempre dispuesto a ayudar.  "No quería que todo ese legado se perdiera", asegura Tomás Fernández, ahora sucesor de su padre como presidente de un club del que también forman parte sus hermanos Ángel y José, y que cuenta con "la labor encomiable" del capitán Sergio Miguel y del entrenador José Antonio Martín Vega.

El objetivo: que el Atlético Zamora, en Provincial de Aficionados, ascienda a Regional Preferente. La tarea no es fácil. El primer escollo, el presupuesto. Competir supone un desembolso de 6.000 euros al año para un equipo que renace patrocinado por Capital Energy, una compañía líder en el sector de la energía, y la zamorana Tecozam, una de las principales empresas en la subcontratación de obra civil. 

Aunque Tomás Fernández reconoce que "no tengo la pasión por el fútbol de mi padre", inmediatamente añade que "sí es un apasionado del Atlético Zamora", el club más antiguo de la provincia que hoy rendirá homenaje en los campos de Valorio a su entrenador de "toda la vida" con la entrega de un ramo de flores y un obsequio a su vida Hortensia.

La lucha en el campo para ascender se unirá a otra "pelea" que se batalla desde 2017: lograr que los campos de Valorio se denominen Antonio Fernández Carbajo, una petición al Ayuntamiento de Zamora que se oficializó el pasado 30 de septiembre y que aún no tiene respuesta. "Vamos a seguir como un martillo pilón", apunta Tomás Fernández, que anuncia la puesta en marcha de una recogida de firmas para conseguir este propósito y que se recuerde a una de las figuras zamoranas más representativas del siglo XX, con medio siglo ligado al fútbol.

El recuerdo se hace más presente hoy, día en el que se cumple un año de su fallecimiento por coronavirus, y la familia ya se dice "desbordada" por los homenajes que le han rendido en su ciudad a un entrenador comprometido, que todas las Nocheviejas llevaba a sus jugadores a su propia casa para invitarlos a un ágape y que compraba bocadillos para que merendaran algunos de sus pupilos cuyas familias tenían pocos recursos. ¡Qué pasa, morenete!, solía ser su saludo.

"¿Qué les daba para que tantas generaciones de jugadores le quisieran?", se pregunta su hijo. En la homilía de su cabo de año, el sacerdote Tomás Gaitán, que le conocía desde niño, dio la respuesta: "Antonio Fernández tenía un gran corazón, era un hombre comprometido con lo que hacía y ayudaba al que podía", a pesar de su "mal genio" que le costó el calificativo de "Antonio el loco". "Por la boca muere el pez", sostenía el sacerdote en la misa para definir a un hombre que llevó la pasión por el balompié más allá del juego y que, con su muerte, ha dejado un gran vacío en el corazón de la Zamora más futbolera.

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