La soprano Vanessa Goikoetxea y el tenor Andeka Gorrotxategi, acompañados por la Orquesta Sinfónica de Castilla y León (OSCyL) bajo la dirección del maestro Óliver Díaz, ofrecieron un concierto que convirtió cada aria en una historia y cada aplauso en un reconocimiento a una de las grandes citas culturales del verano zamorano.
La Catedral, el mejor teatro posible
Pocas ciudades pueden presumir de un escenario como el de Zamora.
La Plaza de la Catedral volvió a demostrar que la música encuentra aquí un aliado perfecto. El sonido del bel canto viajaba entre las piedras románicas, envolviendo al público en una atmósfera difícil de describir y fácil de sentir.
Una vez más, Conchi Moyano, directora de LittleOpera, apostó por un elenco de primer nivel para acercar a Zamora algunas de las voces más prestigiosas del panorama operístico español.
Y el resultado volvió a estar a la altura de un festival que, edición tras edición, sigue creciendo en prestigio.
Voces que emocionan
Vanessa Goikoetxea confirmó por qué es una de las sopranos españolas con mayor proyección internacional.
Su interpretación de la delicada "Canción de la luna" de Rusalka o el desgarrador "Vissi d'arte" de Tosca lograron uno de los silencios más intensos de la noche. Ese silencio que solo aparece cuando el público sabe que está asistiendo a algo especial.
A su lado, Andeka Gorrotxategi desplegó una voz poderosa y llena de matices. Arias como "Recondita armonia", "Donna non vidi mai" o la siempre sobrecogedora "Vesti la giubba", de Pagliacci, arrancaron prolongadas ovaciones de una plaza completamente entregada.
Juntos encontraron uno de los momentos más emotivos de la gala con el dúo final de Madama Butterfly, cerrando una actuación de enorme complicidad artística.
Puccini, el gran protagonista
El programa hizo un recorrido por algunas de las páginas más conocidas del repertorio operístico universal.
La obertura de El Barón Gitano, de Johann Strauss II, abrió la velada para dar paso después a Bizet, Massenet, Dvorák, Leoncavallo y, especialmente, Giacomo Puccini, auténtico protagonista de la noche.
Las historias de amor imposible, pasión, sacrificio y tragedia de Manon Lescaut, Tosca y Madama Butterfly encontraron en Zamora un escenario privilegiado donde volver a cobrar vida.
Aunque muchos espectadores no comprendieran literalmente las palabras cantadas, la emoción llegó igualmente.
Porque la ópera tiene esa capacidad de explicar sentimientos sin necesidad de traducción.
La fuerza de la OSCyL
Gran parte del éxito de la gala volvió a descansar sobre la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, una de las formaciones de referencia del panorama musical español.
La precisión de la orquesta, unida a la dirección elegante y segura de Óliver Díaz, permitió que cada pieza respirara con naturalidad, acompañando a los solistas sin perder nunca el protagonismo de una música que parecía escrita para sonar entre las piedras de la Catedral.
LittleOpera, una apuesta consolidada
Con once ediciones a sus espaldas, LittleOpera ha conseguido algo que parecía complicado hace apenas unos años: convertir Zamora en un referente nacional de la lírica durante el verano.
Detrás de ese éxito se encuentra el trabajo de un amplio equipo humano encabezado por Conchi Moyano, junto a técnicos, voluntarios, personal de producción, comunicación, iluminación, fotografía y decenas de colaboradores que hacen posible que un festival de estas características continúe creciendo.
La implicación de la Asociación LittleOpera Zamora, el apoyo de instituciones, patrocinadores y el compromiso del público han convertido esta cita en uno de los acontecimientos culturales más importantes del calendario provincial.
Mucho más que un concierto
Uno de los grandes aciertos del festival sigue siendo su filosofía. LittleOpera no busca únicamente reunir a los aficionados más expertos.
Pretende acercar la ópera a cualquier persona que decida sentarse una noche de verano frente a la Catedral y descubrir que la música clásica también puede emocionar desde la primera nota.
La traducción simultánea de las obras permitió seguir el argumento de cada aria, rompiendo una de las principales barreras que tradicionalmente alejaban al gran público del género.
Y, como ya es tradición, la inauguración concluyó con una degustación de productos zamoranos para los abonados del festival en el patio del Museo Pedagógico, uniendo cultura, patrimonio y gastronomía en una misma experiencia.
Porque esa es precisamente la esencia de LittleOpera.
Traer a Zamora algunas de las mejores voces del panorama operístico español sin perder nunca la identidad de una ciudad que ha hecho de la cultura una de sus grandes señas de identidad.
Anoche, el telón volvió a levantarse entre las piedras de la Plaza de la Catedral.
Y durante unas horas, la Plaza y la Seo de San Salvadorl dejó de ser solo uno de los rincones más bellos de Zamora para convertirse en un auténtico teatro al aire libre donde la emoción habló un idioma que todos entendieron.