Decenas de curiosos y aficionados a la nieve aprovecharon un día soleado, aunque marcado por un viento gélido, para acercarse hasta la Laguna de los Peces. El termómetro no engañaba: la sensación térmica rondaba los -6 grados, recordando que el invierno en Sanabria no hace concesiones, incluso cuando el cielo luce despejado.
El paisaje, sin embargo, ofrecía una imagen cargada de simbolismo. Allí donde el verano dejó montes pardos y negros tras el devastador incendio, comienzan a asomar brotes verdes que devuelven algo de color y, sobre todo, esperanza. Una recuperación lenta, inevitablemente larga, pero que ya deja señales visibles para quienes conocen bien estas montañas.
Las vacas, parte inseparable del paisaje sanabrés, vuelven a pastar en las zonas no afectadas por el fuego. Gracias a la solidaridad de ganaderos y agricultores de toda España, que no dudaron en ayudar tras la tragedia, los animales se mueven ahora con tranquilidad entre neveros, claros verdes y zonas de umbría donde la nieve aún resiste.
La borrasca Francis ha dejado su huella en forma de nieve que, con el paso de los días, se ha transformado en hielo. La Laguna de los Peces luce majestuosa, cubierta por una sólida capa helada que permite cruzarla de lado a lado sin riesgo. En las orillas, el hielo alcanza los 15 centímetros de grosor, superando en muchos puntos los 20 centímetros, una estampa tan impresionante como poco habitual.
Sin inversión térmica y con una nevada irregular que mantiene neveros dispersos, Sanabria se muestra estos días preciosa, casi de postal. Un escenario que invita a disfrutar, a respetar y a contar. Porque también ese es el compromiso de Zamora News: ser testigo y embajador de una tierra que, incluso tras el fuego, sigue demostrando su capacidad para renacer.
Para completar la experiencia, Sanabria también ofrece el mejor final posible: sentarse a la mesa. Porque después del paseo entre la nieve, el hielo y el viento cortante, el cuerpo pide calor, calma y buena comida. Y en eso, la comarca no falla.
La gastronomía sanabresa es parte inseparable de la visita. En cualquiera de sus establecimientos, desde los más tradicionales a los que han sabido actualizar la cocina de siempre, hay dos protagonistas que nunca faltan: los habones y el chuletón. Platos contundentes, honestos, de los que reconfortan y devuelven la energía tras una jornada de frío y montaña.
Los habones, cocinados a fuego lento como manda la tradición, siguen siendo uno de los grandes emblemas de la zona, mientras que el chuletón, procedente de la ganadería local, se convierte en un premio merecido tras caminar entre neveros y paisajes helados. Todo ello acompañado, cómo no, de buenos vinos y de ese ambiente acogedor que solo se encuentra en los pueblos cuando el invierno aprieta fuera.
Así, el Día de Reyes en Sanabria no fue solo una experiencia visual y emocional, sino también sensorial. Naturaleza, esperanza y gastronomía se dieron la mano para demostrar que visitar la montaña en invierno es mucho más que ver nieve: es vivirla, respetarla… y saborearla.