viernes 7/5/21

Escenarios de Pasión: La arrancada

Es el momento de mayor fervor, de mayor Pasión, el momento que toda Zamora espera. Lejos del baile del Cinco de Copas, momento que muy pocos zamoranos han podido vivir, momento reservado para los privilegiados, el resto de pasos esperan en la calle con los hermanos de cruz, con los hermanos de acera cuando los tambores rompen la madrugada y las cruces se levantan.

Para algunos es una falta de respeto, sin embargo, para otros es la mayor expresión de emoción de la Semana Santa. Después de varios años sin poder disfrutarlo, Jesús Nazareno volvió a la calle, la Madrugada cobró sentido cuando los tambores iniciaron la arrancada y los hermanos pusieron su cruz tan alta como pudieron minetras se trarareaba Thalberg.

Habría quienes lo hicieran sin ningún respeto, los habría porque en esta procesión, igual que en otras muchas, hay quienes desfilan sin respeto hacia el resto, sin respeto hacia la Semana Santa. Exceptuandolos a ellos, el resto de zamoranos sintió algo en el corazón, en lo más profundo de su ser, algo que les decía que este año si, La Mañana estaría en la calle.

Y tras la arrancada, llega la mañana de los cargadores. Esos pies anónimos tras los banzos, esas figuras, otrora en peligro de extinción, ahora infravaloradas porque "sobran". Esfuerzo desmesurados de los hombres que van tras los banzos, itnentando que las figuras anden, que no se muevan, que no se note. Alejados de los estereotipos de otros lugares de España, alejados de ese aire que sólo se da en ocasiones muy especiales.

Empezando por los hermanos de Jesús Camino del Calvario, esos que tienen el privilegio de oir Thalberg por primera vez, de bailar a su son, de salir de San Juan. Los valientes de La Caida, demostrando año tras año como se lleva un paso, como cargar con una de las obras maestras de Ramón Álvarez. Mis hermanos de Redención, haciendo este año el esfuerzo de llevar el paso durante 14 horas casi ininterrumpidas, tirando de riñones para que pese menos la cruz al cirineo.

Los cachorros de Las Marías, la escuela de cargadores de La Verónica, o el esfuerzo de no moverse de La Elevación. El caminar pausado de La Soledad o el andar del Nazareno de la Congregación. La Mañana siempre fue especial para los cargadores, que dan el último aliento en el Museo con música, e incluso, a veces, sin ella.

La Mañana siempre fue de otra pasta cuando otras cofradías se vieron obligadas a poner pasos a ruedas, La Mañana siempre tuvo algo especial bajo los banzos, algo que se repite año tras año.

Y al final, la Virgen entra en San Juan y se vuelve a ver el mar de cruces, se vuelve a sentir la pasión de un pueblo, de una forma distinta, pero con el mismo gesto, siete horas después, una madrugada después.

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