Hay historias que no necesitan grandes focos para ser importantes. Basta con una mirada cómplice, un camino compartido y la decisión tranquila de seguir juntos. Así fue la boda de Julio Fraile y Paula Cepeda, que este 20 de febrero dieron el paso definitivo en el Ayuntamiento de Villaralbo, donde fueron casados por José Ángel Marqués a las 12:30 del mediodía.
Un enlace sencillo, cercano y rodeado de familia y amigos íntimos, testigos de una historia que se ha construido sin prisa, con naturalidad y con ese poso de madurez que da el tiempo compartido. Frailes y Cepedas a la espera de que la familia unida crezca, que ahora será de lo que se trate...
El sonido de la vida… y el ritmo del corazón
Julio es bien conocido en el entorno festivo de la provincia. Percusionista, profesor de percusión y batucada, vecino de Villaralbo y alma de la charanga Rotato, ha hecho de la música y la animación su forma de vida. Fiestas, bodas, bautizos y celebraciones llevan años sonando a su ritmo, convirtiéndolo en uno de esos nombres que siempre suman ambiente y sonrisa.
Y sin embargo, incluso los que hacen bailar a los demás llegan un día al momento de “sentar la cabeza”. Ese momento llegó junto a Paula, su compañera de vida desde hace años y con la que ya comparte hogar en Zamora.
Paula: sonrisa constante y carácter firme
Quienes la conocen coinciden en lo mismo: Paula es cercanía, simpatía y trato amable, pero también responsabilidad y carácter en su trabajo. Responsable de un supermercado en Benavente, combina esa faceta profesional con su lado festivo, porque sí, Paula también forma parte de la batucada que dirige ahora su marido.
No es casualidad. Desde que se conocieron, había algo que unía sus miradas. Primero llegó la convivencia, después la rutina compartida… y finalmente el paso lógico de formalizar una historia que llevaba tiempo escrita.
Una boda en casa
En Villaralbo no se celebran bodas todos los días, pero en este caso parecía inevitable. Julio, con su arraigo y sus raíces en la localidad, tenía claro que el “sí quiero” debía pronunciarse en su pueblo de siempre.
La ceremonia fue íntima, acompañada por los más cercanos, y con ese ritual sencillo que recoge el Código Civil: palabras breves, compromisos claros y la emoción contenida de quienes saben que el amor no necesita grandes artificios para ser verdadero. Trajes de calle y ropa cómoda para continuar una historia de convivencia y amor.
Una vida que ya estaba hecha
Paula y Julio — o Julio y Paula — decidieron dar este paso sin estridencias, casi con naturalidad. Ellos mismos lo dicen con humor: quizá la vida solo cambie para la declaración de la renta. Pero todos saben que cuando el amor madura, no hace falta ruido para que sea importante.
No todos se atreven a tomar decisiones así, pero ellos han demostrado que la valentía también puede ser tranquila.
Un sí quiero para muchos años
Familia y amigos fueron testigos de un enlace que nace del compañerismo, del cariño y de la certeza de que la vida compartida merece celebrarse.
Un “sí quiero” sin aspavientos, pero lleno de verdad.
Un comienzo que, si depende del amor, promete ser largo.
PD. Julio se quitó las gafas durante la ceremonia, pero para las fotos ya ven...clavadas de nuevo en su cabeza. Algo más lo contado por los hermanos y primos de los contrayentes fue el relato de la realidad y los recuerdos que ahora ya son parte de una historia común.