viernes 7/5/21

Escenarios de Pasión: A todas las madres

(A todas las madres, a la mía, a la de todos, por ser las personas más importantes de la Semana Santa) Cuando uno es niño, lo primero que le deja absorto en la Tercera Caída es el baile de las capas blancas, ese movimiento acompasado sobre el fondo negro y ese emblema rojo con cuatro espadas. Un baile acompasado como el de los pasos, con La Despedida a la cabeza, mientras suena La Muerte no es el final.

Y es que el acto en la Plaza Mayor pone los pelos de punta a propios y extraños. El sonido de los clarines, los tambores rompiendo la noche y el coro: la muerte no es el final. El cofrade más joven conoce ya esa melodía que tiene grabada a fuego en el corazón, porque el dolor por un hermano perdido es igual cuando se está aprendiendo a vivir, que cuando una alcanza la plenitud de la vida. Aunque quizá, siempre es mayor cuando una madre despide a su hijo.

Y esa madre de la Amargura, esa madre que despide a Jesús, como tantas madres despiden a sus hijos cuando estos se marchan a otra ciudad o cuando, desgraciadamente, tienen que dejar esta vida. Ese dolor de una madre que, con la templanza de la madre de Dios, deja a Cristo camino de su destino.

En la Tercera Caída únicamente desfilan varones que homenajean a sus madres, a sus hijas, a sus hermanas, a sus novias. En la Tercera Caída, mientras se sube el Riego, las madres asisten al procesionar de sus hijos, algunos, de unos pocos meses de edad. Y son ellas las grandes protagonistas del desfile, pese a que lo tengan que ver desde la acera, pese a que sólo puedan caminar en los pies de sus hijos.

Porque esa serenidad de María, esa serenidad conteniendo el dolor de su corazón, la Amargura de su ser, es la que ayuda a Jesús a soportar el peso de la cruz, es la que ayuda a todos los zamoranos a soportar el peso de sus vidas. Por eso cuando suena La Muerte no es el Final, por eso cuando caminan los cinco pasos a la vez, por eso cuando Zamora se paraliza durante un momento, cuando se congelan los corazones de los más de 3.000 hermanos de San Lázaro, el corazón de todas las madres se llena de Amargura por los seres queridos que se han ido y Jesús, caído por tercera vez, les mira intentando calmar su dolor.

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