La “tractorada” anunciada en Zamora capital arrancó este jueves con una presencia limitada, apenas 11 tractores, lo que en sus primeras horas ofrecía una imagen más cercana a una concentración simbólica que a una protesta masiva. Con el paso de la mañana, sin embargo, el número de vehículos agrícolas fue aumentando de forma progresiva, a medida que se incorporaban nuevos participantes procedentes de distintos puntos de la provincia.
Aunque el inicio resultó discreto, el trasfondo de la movilización permanece intacto. Los agricultores y ganaderos que acudieron —y los que se fueron sumando posteriormente— insisten en que los problemas que afectan al sector son estructurales y urgentes, desde el incremento de los costes de producción hasta la falta de rentabilidad, la presión normativa y la incertidumbre sobre el futuro de las explotaciones.
Los organizadores señalan que la convocatoria no debe medirse únicamente por el número de tractores visibles en un momento concreto, sino por el malestar creciente en el campo zamorano, que sigue sin encontrar respuestas efectivas a sus reivindicaciones. En este sentido, la concentración en la capital se plantea como un primer paso dentro de un calendario de acciones que podría ampliarse en función de la respuesta institucional y de la evolución del conflicto.
La protesta se desarrolló de forma simultánea en varios puntos de la provincia. En Zamora capital, la concentración tuvo lugar en la calle Labrador a las 10:00 horas, en Castrogonzalo estaba prevista otra a la misma hora.
Según los representantes de la Asociación de Agricultores Independientes de Zamora, los problemas se mantienen —e incluso se han agravado— respecto al año pasado. El principal punto de conflicto es la posible aprobación del acuerdo comercial Mercosur, cuya firma se encuentra paralizada pero continúa en negociación con los distintos países. “Si finalmente se aprueba, sería una puntilla para un sector que ya está muy tocado”, explica Pilar de las Heras, presidenta de la organización.
El otro foco de preocupación es la reciente propuesta de la Comisión Europea para abaratar las importaciones de fertilizantes. Según los agricultores, la medida no resulta suficiente frente a la competencia de insumos mucho más baratos en otros países. “Estamos obligados a cumplir normativas estrictas y a asumir costes altísimos, mientras otros países aplican productos que ni siquiera matarían un maíz aquí, pero ellos lo hacen con un solo tratamiento”, añade Marcos Alonso, tesorero de otra de las asociaciones convocantes.
La combinación de Mercosur, la PAC y los aranceles a fertilizantes, sumada al impacto de enfermedades en el ganado y los costes crecientes de producción, ha puesto al sector primario en una situación insostenible. Pilar de las Heras asegura que muchas explotaciones han cerrado en los últimos años y que “producir por debajo de costes hace que sea imposible continuar; es el fin para muchas familias que viven de la agricultura y la ganadería”.
La protesta en Zamora se enmarca en un contexto europeo más amplio. En Francia, los agricultores han cortado carreteras y en otras regiones se están organizando movilizaciones similares. La presión sobre Italia, cuyo gobierno debe votar próximamente sobre Mercosur, también preocupa a los productores españoles. “Una cosa es lo que decidan los gobiernos, otra muy distinta lo que acepten los agricultores. Nosotros nos vamos a mover”, advierte De las Heras.
En términos sencillos para los consumidores, la aprobación del acuerdo significaría la entrada de productos con estándares distintos a los europeos. “Comeríamos carne con sustancias prohibidas en Europa desde hace años, y alimentos tratados con productos dañinos para la salud”, alerta Marcos Alonso.