Los cielos de Palencia han funcionado como un auténtico laboratorio al aire libre para una generación de estudiantes zamoranos que ha dejado de limitarse a estudiar ciencia en los libros para empezar a experimentarla en primera persona. En ese contexto, dos centros educativos de la provincia han destacado de forma notable por sus resultados y su implicación en proyectos de innovación educativa.
El colegio María de Molina de Zamora ha sido reconocido con el premio a la mejor difusión y participación, un galardón que pone el foco en su capacidad para implicar al alumnado y proyectar su trabajo más allá del aula. Por su parte, el CEIP Maestro Haedo ha dado un paso más en su trayectoria al ser seleccionado para representar a Castilla y León en un certamen de ámbito nacional, consolidando así su papel dentro de la educación científica y experimental en la comunidad.
El proyecto educativo tiene nombre propio: CanSat, una iniciativa europea que reta a equipos de alumnos a construir un minisatélite funcional capaz de cumplir una misión real. El concepto es claro: condensar en el tamaño de una lata de refresco todos los elementos esenciales de un satélite. Dentro de ese pequeño volumen, los estudiantes deben integrar sensores, sistemas de comunicación y una estructura capaz de resistir el lanzamiento y el aterrizaje. No es un experimento aislado, sino un proceso completo que arranca semanas antes en el aula.
Lejos de la imagen compleja que suele asociarse al espacio, el punto de partida es sencillo: dispositivos del tamaño de una lata de refresco. Pero detrás de ese formato reducido hay semanas de trabajo en las aulas. El alumnado diseña, monta y programa estos pequeños satélites, integrando sensores capaces de medir variables como la temperatura o la altitud durante el vuelo.
El momento clave llega en campo abierto. En Palencia, los equipos han visto despegar sus dispositivos, que ascienden hasta aproximadamente un kilómetro de altura antes de descender de nuevo a tierra. Durante ese trayecto, los minisatélites recopilan datos que se transmiten en tiempo real o se almacenan para su análisis posterior.
La misión no es libre del todo. El proyecto establece un objetivo obligatorio: medir variables atmosféricas como la temperatura y la altitud durante el descenso. A partir de ahí, cada equipo puede añadir un reto propio, lo que introduce creatividad y resolución de problemas en el proceso.
El lanzamiento en Palencia es la fase final. Los minisatélites se elevan mediante cohetes u otros sistemas hasta alrededor de un kilómetro de altura. Desde ese momento, comienza la parte clave: la recogida de datos en condiciones reales. Durante el descenso, el dispositivo transmite información o la almacena para su análisis posterior.
Pero el trabajo no termina cuando el satélite toca tierra. Los alumnos deben interpretar los datos obtenidos, detectar posibles errores y presentar conclusiones, igual que haría cualquier equipo científico profesional. Es ahí donde el proyecto cobra todo su sentido educativo.
Más allá de la tecnología, CanSat introduce una forma distinta de aprender. El alumnado asume responsabilidades reales, trabaja en equipo y se enfrenta a imprevistos, desde fallos técnicos hasta problemas en el aterrizaje. La experiencia les obliga a tomar decisiones y a aplicar conocimientos de distintas materias en un mismo reto.
La participación de centros zamoranos en este programa sitúa a la provincia en una línea educativa que apuesta por la práctica frente a la teoría. La ciencia deja de explicarse para empezar a hacerse, con estudiantes que no solo estudian cómo funciona un satélite, sino que construyen uno y lo lanzan.